Palabra Clave (La Plata), octubre 2026 - marzo 2027, vol. 16, núm. 1, e291. ISSN 1853-9912Dosier
Memorias materiales: más que objetos del pasado
Resumen: Los objetos recuperados de contextos bélicos o asociados a personas desaparecidas, muchas veces preservados por sus propias familias, adquieren un profundo valor testimonial y simbólico, en la medida en que contribuyen a la reconstrucción de memorias tanto individuales como colectivas. Como sugiere Santiago Porter (2007), estos objetos trascienden su condición material para convertirse en testigos silenciosos que condensan la presencia de quienes ya no están, articulando una reflexión sobre el tiempo, la pérdida y la persistencia de la memoria. Su incorporación en espacios de memoria, museos, archivos y proyectos pedagógicos, abren nuevas posibilidades de diálogo frente a memorias históricamente negadas o silenciadas, al tiempo que plantea el desafío de desarrollar estrategias de resguardo, acceso y visibilización que reconozcan en estos objetos no solo su valor documental e informativo, sino también su dimensión ética y afectiva, fundamental para sostener y restituir la dignidad y la identidad de las víctimas. En este marco, el presente artículo propone un recorrido por algunos lugares de memoria, con el objetivo de analizar cómo los objetos vinculados a experiencias de violencia y desaparición pueden ser valorados, interpretados y salvaguardados en tanto soportes materiales, simbólicos y éticos de la memoria.
Palabras clave: Espacios de memoria, Pedagogía, Acervos documentales, Transmisión de la memoria.
Material memories: more than objects of the past
Abstract: Objects recovered from contexts of armed conflict or associated with disappeared persons—often preserved by their own families—acquire profound testimonial and symbolic value insofar as they contribute to the reconstruction of both individual and collective memories. As suggested by Santiago Porter (2007), these objects transcend their material condition to become silent witnesses that condense the presence of those who are no longer there, articulating a reflection on time, loss, and the persistence of memory. Their incorporation into sites of memory, museums, archives, and pedagogical projects opens new possibilities for dialogue around historically denied or silenced memories, while also posing the challenge of developing strategies for preservation, access, and visibility that recognize in these objects not only their documentary and informational value, but also their ethical and affective dimensions—fundamental for sustaining and restoring the dignity and identity of victims. Within this framework, this article proposes a survey of selected memory sites, with the aim of analyzing how objects linked to experiences of violence and disappearance can be valued, interpreted, and safeguarded as material, symbolic, and ethical supports of memory.
Keywords: Sites of memory, Pedagogy, Documentary collections, Transmission of memory.
Memórias materiais: mais do que objetos do pasado
Resumo: Este artigo aborda o papel dos objetos vinculados às experiências de conflito armado e desaparecimento forçado como suportes materiais, simbólicos e éticos da memória histórica. Seu objetivo é analisar como esses objetos são valorizados, interpretados e preservados em diferentes lugares de memória, considerando sua contribuição para a reconstrução de memórias individuais e coletivas, bem como para os processos de reconhecimento, reparação simbólica e garantia de não repetição. Para tanto, desenvolve-se uma análise de experiências de gestão e preservação de objetos de memória,tomando como ponto de partida o caso colombiano e ampliando a reflexão por meio de uma abordagem comparativa com experiências desenvolvidas na França. Os resultados evidenciam avanços na implementação de metodologias que articulam conservação, documentação contextual, digitalização e participação das vítimas, além de destacar o potencial desses objetos para promover diálogos transnacionais entre memórias historicamente situadas. Conclui-se que esses materiais transcendem sua dimensão documental para se constituírem como agentes ativos na produção de sentido social,fortalecendo os processos de memória, verdade e justiça, ao mesmo tempo em que consolidam o acesso à memória como um direito cultural fundamental.
Palavras-chave: Lugares de memória, Pedagogia, Acervos documentais, Transmissão da memória.
1. Materialidades y memorias de la violencia: los objetos como vías alternativas de acceso al pasado
Durante y después de las catástrofes originadas por la guerra o por situaciones extremas que amenazan la vida, innumerables objetos quedan abandonados, dispersos o relegados al olvido. No obstante, lejos de ser restos inertes, los objetos conservan una memoria material de profunda significación para quienes sobrevivieron. Algunas de estas materialidades permanecen en el territorio como testigos silenciosos de la violencia; otros son resguardados por instituciones o por particulares, a menudo familiares de las víctimas, que asumen la responsabilidad de preservar y dignificar memorias que no deben olvidarse. A partir de esta premisa se articula el presente artículo, cuyo propósito es indagar, desde el campo de las materialidades, de qué manera los objetos habilitan vías alternativas de acceso al pasado. Proponemos así una aproximación a un registro distinto, atento a la potencia significativa de la materia y a la necesidad de comprenderla sin prejuicios, reconociendo tanto su diversidad, como la riqueza de esos objetos inanimados en la cultura (Dagognet, 1997).
Nuestra reflexión se inscribe en el material turn, o «giro material», que designa un cambio de paradigma en las ciencias humanas y sociales, caracterizado por una atención renovada a los materiales y a las dimensiones físicas del mundo, en particular a los objetos. Este enfoque subraya el papel activo de los artefactos materiales en los procesos sociales, culturales y políticos, en contraste con perspectivas exclusivamente textuales o discursivas. Ya Fernand Braudel (1979) introdujo el concepto de «civilización material», mientras que en la década de 1990 los trabajos de Daniel Roche (1997) otorgaron a la historia del consumo un lugar central, elevando el objeto a la categoría de motor de las transformaciones socioeconómicas y culturales. Sus aportaciones evidencian que los objetos participan activamente en la configuración de las relaciones sociales y en las dinámicas de poder. A partir de los años 2000, el estudio de los objetos se enriqueció con una perspectiva centrada en su propia materialidad, convirtiéndolos en fuente privilegiada para la interpretación del pasado histórico y orientando la mirada hacia grupos sociales marginados.
En este marco, los objetos, ya empleados conforme a su función normativa, y desviados de su uso original, se revelan como soportes privilegiados de la memoria en la historia contemporánea, tal como ponen de manifiesto las recientes obras colectivas dirigidas por Pierre Singaravélou y Sylvain Venayre (2020, 2022). Esta perspectiva ha sido igualmente movilizada para el estudio de los conflictos armados, como muestran, entre otros, los trabajos de Stéphane Audoin-Rouzeau (2009) y Bruno Cabanes (2019), en la medida en que, a través de los artefactos materiales, emergen relatos personales y colectivos alternativos, ajenos a narrativas hegemónicas. Tales objetos iluminan las experiencias vividas y ofrecen, al mismo tiempo, una comprensión tangible de las dinámicas sociales y culturales vinculadas al trauma y a la memoria del conflicto. El carácter íntimo del objeto permite comprender también su densidad simbólica y su relevancia cultural, en tanto constituye la huella del ser humano en la materia. En este sentido, los objetos no son simples elementos utilitarios, sino el resultado de un proceso consciente de apropiación y transformación de la naturaleza, mediante el cual el los seres humanos imprimen forma, intención y sentido a su entorno.
Así, el mundo objetual se configura como una dimensión constitutiva de la vida humana; no sólo expresa la potencia creadora y la capacidad de intervenir la realidad, sino que participa activamente en la construcción de la experiencia cotidiana. Los objetos no se limitan a ampliar facultades; acompañan, median y modelan las prácticas, los vínculos y las formas de habitar el mundo, integrándose de manera íntima en la trama misma de la existencia (Medina Cano, 2011). El valor que poseen estos objetos va más allá de ser simples reliquias del pasado y, por el contrario, constituyen documentos que nos permiten introducirnos en los recuerdos de sus antiguos poseedores o, en muchos casos, en las memorias compartidas (Candau, 2005) de quienes ahora son portadores de estas historias. Desde esta perspectiva, los objetos participan activamente en la configuración de las memorias y las identidades, tanto en el ámbito privado como en el espacio público, donde su circulación, conservación y exhibición les permiten seguir produciendo sentidos sobre el pasado y el presente. En este sentido, como señala José Reginaldo Santos Gonçalves (2007, pp. 14-15):
En su presencia inevitable y difusa, usados privada o públicamente, coleccionados y expuestos en museos o como patrimonios culturales en el espacio de las ciudades, los objetos influyen secretamente en la vida de cada uno de nosotros. Percibir y reconocer este hecho puede traer nuevas perspectivas sobre los procesos por los cuales definimos, estabilizamos o cuestionamos nuestras memorias e identidades.
A través de la conservación de dichas materialidades logramos entrar en una esfera del recuerdo que no tenía cabida en la memoria oficial, evidenciando memorias impedidas que, aunque reconocidas en teoría, enfrentan obstáculos estructurales y políticos que limitan su plena expresión en el espacio público. Estas memorias no son negadas directamente, sino marginadas y sofocadas por un relato dominante que promueve una reconciliación oficial y censura las voces disonantes, impidiendo que ciertos relatos y experiencias se expresen libremente y contribuyan al debate público (Sinardet & Toro-Tamayo, 2025a).
Si bien estas memorias no han sido plenamente reconocidas en el espacio público, encuentran en algunos escenarios como los museos de la memoria, los memoriales, los centros de memoria histórica, los museos de la verdad, los lugares de conciencia y los espacios de reconciliación, entre otros, oportunidades para hacerse visibles, abrir debates y promover diálogos que cuestionen los relatos oficiales. Estas instituciones funcionan como plataformas para difundir el trabajo de colectivos, artistas, grupos de investigación y asociaciones que defienden los derechos humanos, permitiendo que dichas materialidades ingresen a una esfera del recuerdo que antes no tenía cabida en la memoria oficial. No obstante, estas narrativas siguen enfrentando obstáculos estructurales y políticos que limitan su plena expresión. No son negadas de forma explícita, pero sí desplazadas por relatos dominantes que promueven una reconciliación “oficial” y silencian voces disonantes, lo que restringe su presencia en el debate público.
Para comprender cómo estas memorias han sido abordadas y visibilizadas a través de exposiciones y acciones pedagógicas, este artículo analiza casos como el Memorial de la Shoah en París (2005), los archivos del Museo de La Contemporaine en Nanterre (2021) y el Musée des Beaux-Arts de Rouen (2024), en diálogo con prácticas desarrolladas por otras instituciones en distintos contextos internacionales. La selección de estos tres casos franceses no responde a una voluntad de exhaustividad frente a la amplia diversidad de museos europeos dedicados a la guerra y a las memorias traumáticas, sino a una lógica de observación situada, vinculada al trabajo de campo y a la accesibilidad de estos espacios. Su inclusión se inscribe en una reflexión comparativa iniciada a partir del caso colombiano, que constituye el punto de partida de este estudio, y busca establecer conexiones entre diferentes contextos de memorialización y usos museográficos de objetos asociados a la violencia histórica. Más que proponer comparaciones directas, el objetivo es reflexionar sobre las estrategias de salvaguarda implementadas y sobre las narrativas que estos espacios construyen para integrar memorias históricamente marginadas o silenciadas en el relato colectivo.
2. El poder de los objetos y su vínculo con las memorias
Estamos situados frente a formas complejas de exclusión, subvaloración y marginalización de discursos que no se ajustan a los patrones de reconocimiento institucional y que además no son necesariamente prohibidos, pero sí ignorados, o descalificados, porque se perciben como poco relevantes, difíciles de interpretar o ajenos a los marcos dominantes de comprensión histórica. Su exclusión no obedece solo a una voluntad de censura, sino a un entramado cultural que jerarquiza las formas de recordar y privilegia aquellas narrativas más comprensibles, confortables o coherentes con la institucionalidad. De este modo, memorias profundamente significativas para individuos y comunidades quedan fuera del canon de lo narrable, relegadas a los márgenes de la historia oficial y apenas reconocidas de manera superficial en los espacios educativos, mediáticos o culturales.
El resultado es una memoria colectiva empobrecida, sostenida sobre una única versión “aceptada” del pasado, que invisibiliza las múltiples maneras en que las personas construyen sentido y experiencia histórica. Las memorias asociadas a experiencias de violencia, desaparición y despojo no siempre encuentran un lugar legítimo en los relatos históricos oficiales. Con frecuencia permanecen relegadas al ámbito privado o familiar, encarnadas en objetos cotidianos, prendas de vestir, documentos personales, fotografías, utensilios domésticos, que sobreviven como restos materiales de vidas interrumpidas. Lejos de ser simples vestigios, estos objetos operan como dispositivos de memoria, en tanto concentran dimensiones testimoniales, afectivas y temporales que permiten sostener la presencia de quienes ya no están y activar procesos de rememoración. Su circulación, resguardo o exhibición tensiona los marcos institucionales de la memoria, al poner en evidencia las formas en que ciertos pasados han sido silenciados, negados o excluidos del espacio público. Pensar las memorias impedidas desde la materialidad de lo cotidiano implica, por tanto, interrogar los modos en que estos objetos adquieren sentido social y político, así como las condiciones que posibilitan, o restringen, su reconocimiento como portadores legítimos de memoria.
En muchos de los casos analizados, el estatuto archivístico de determinados objetos había pasado inadvertido: se les consideraba exclusivamente piezas museísticas con valor cultural, sin reconocer su potencial testimonial ni su capacidad para funcionar como documentos. En Colombia, la Ley General de Archivos (2000) marcó un punto de inflexión al ampliar la noción de documento y legitimar soportes alternativos, lo que abrió nuevas posibilidades para la construcción de memoria. Posteriormente, la Ley de Justicia y Paz (2005), la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras (2011), y la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública (2014), contribuyeron a subsanar vacíos jurídicos y a consolidar los procesos orientados a la verdad, la justicia y la reparación.
Desde esta perspectiva, tales objetos pueden comprenderse como vestigios materiales de un pasado estrechamente vinculado a las prácticas y dinámicas propias de los contextos de conflicto. Aunque hoy aparezcan desplazados de su entorno original, conservan marcas de esas experiencias y operan como soportes de memorias colectivas que diversos grupos buscan preservar y transmitir. Este enfoque dialoga con la noción de muséotopie propuesta por André Kirouac (2015, p. 39), particularmente en lo que denomina “memorias del riesgo”. Aunque este artículo no se detiene en el desarrollo exhaustivo de este planteamiento, resulta pertinente dejarlo enunciado como horizonte de reflexión para futuros debates en torno al significado de la vida de los objetos en tanto souvenirs, es decir, como portadores y activadores de memoria en contextos atravesados por la guerra.
Incorporar estas memorias al relato histórico no sólo dinamiza las prácticas educativas y culturales, sino que también habilita espacios de interlocución donde emergen voces y experiencias históricamente relegadas. Los archivos y las colecciones de los espacios museográficos analizados permiten visibilizar nuevos actores sociales y reabrir interrogantes que cuestionan narrativas oficiales antes asumidas como incuestionables. Así, la memoria colectiva se configura como un campo dinámico, plural y en permanente disputa, capaz de renovar la comprensión del pasado y sus resonancias en el presente.
La obra La ausencia, de Santiago Porter (2001-2002), constituye un referente esencial para comprender cómo los objetos pueden articular narrativas en las que se inscriben memorias de duelo desde el lenguaje visual. En este proyecto, Porter utiliza los objetos como ejes centrales de su discurso artístico, transformándolos en símbolos materiales que expresan la pérdida, el vacío y el dolor. Estas materialidades funcionan como metáforas que condensan la memoria del sujeto ausente y, al mismo tiempo, como metonimias que representan la totalidad de una vida o historia familiar a partir de un detalle concreto y cotidiano inscrito en los objetos que permanecen en custodia de los dolientes. Cada objeto evoca así la presencia de quien ya no está, estableciendo un puente entre lo íntimo y lo colectivo, entre el recuerdo personal y la memoria pública (Porter, 2007).
Paola Cortés-Rocca (2015) profundiza esta lectura al señalar que los objetos en la obra de Porter están “sometidos al tiempo”. Su materialidad, el desgaste, la textura, las huellas del uso, se transforman en testimonio del paso del tiempo y en depositaria de la experiencia vivida. Porter no presenta los objetos como pruebas forenses, sino como testigos silenciosos que condensan emociones, vínculos y ausencias. La disposición de sus fotografías en dípticos o trípticos, junto al retrato del familiar y el texto biográfico, refuerza la idea de que el objeto mantiene viva la relación entre el pasado y el presente, entre el cuerpo que ya no está y la memoria que persiste. La Figura 1 muestra a Dora, viuda de Naum Band, presentando el reloj que su esposo llevaba puesto el día del atentado contra la AMIA. Conservado como un objeto de memoria, este reloj trasciende su valor material para convertirse en un testimonio de la ausencia y en un soporte de la memoria individual y colectiva.

El uso de objetos en La ausencia (2001-2002) también transforma su función original. Dejan de ser elementos utilitarios para adquirir un valor simbólico y memorial. Porter les otorga una nueva identidad: son signos de un tiempo suspendido, relicarios que guardan una carga afectiva capaz de interpelar al espectador. Su mirada, más que documental, es ética y poética. A través de los objetos, evita mostrar la violencia directa o la imagen del horror, y opta por representar el vacío, el silencio y la pérdida. En este sentido, los objetos se convierten en cuerpos ausentes, en huellas que sostienen la memoria y abren un espacio de reflexión sobre el duelo, la historia y la permanencia del recuerdo.
Ya anclados en el contexto de la Shoah, la obra Silencios, de la artista colombiana Erika Diettes (2005), aborda estas memorias en Colombia mediante la creación de trípticos fotográficos, texto, retrato y objeto personal de víctimas del holocausto que migraron al país, las cuales suscitan una confrontación directa entre el espectador y quienes padecieron la violencia. Gilles Deleuze & Félix Guattari (2005) sostienen que el arte no se limita a conservar recuerdos, sino que engendra bloques de sensaciones capaces de trascender el tiempo y el espacio. En Silencios, el objeto, con frecuencia una fotografía antigua, simboliza la huella indeleble de los seres queridos y reactualiza, en términos de Paul Ricoeur (2000), el proceso de reconfiguración de la memoria. Así, Diettes (2005) restituye visibilidad a las víctimas relegadas, disipa la bruma del olvido y dignifica sus historias a través de un ejercicio de memoria performativa (Sinardet, 2025a), que también funciona como puente entre lo individual y lo colectivo.
Ambas lecturas encuentran un correlato directo en los espacios de memoria, donde los objetos personales como cartas, prendas de vestir, accesorios, reliquias, entre otros, adquieren un valor documental que trasciende su función original. Ya no son simples vestigios del pasado, sino portadores de historias que permiten reconstruir experiencias individuales y colectivas. Con el paso del tiempo, estas materialidades se transforman en huellas que evocan la presencia de los ausentes, reactivando emociones y facilitando procesos de duelo y reconocimiento. Son verdaderos contenedores de memoria y no resulta, pues, sorprendente que emerjan y se resignifiquen en el transcurso del quehacer artístico de creadores como Porter, Diettes y Boltanski, cuya obra explora con particular hondura la persistencia de la huella y la materialidad del recuerdo (Sinardet, 2025b). Museos e instituciones patrimoniales también reflexionan críticamente sobre la función de los objetos en la mediación de la memoria. Así lo evidencia, desde las experiencias en Francia, el congreso organizado por la Association des Conservateurs des Antiquités et Objets d’Art (2016) en 2015, centrado en la función de los objetos como vectores de memoria y soportes de identidad, que analiza críticamente las prácticas de conservación, transmisión y valorización de estos objetos memorísticos en el ámbito patrimonial.
3. Espacios museográficos y documentales de Francia que valoran la memoria material en contextos de violaciones de los derechos humanos
En contextos de graves violaciones de derechos humanos, los objetos adquieren además una dimensión política y jurídica: se convierten en evidencias que denuncian lo ocurrido, reclaman justicia y contribuyen a la reparación simbólica de las víctimas y sus comunidades. Así, los espacios de memoria actúan como mediadores entre el pasado y el presente, integrando voces históricamente marginadas en narrativas colectivas que antes las habían ignorado o minimizado. Un ejemplo emblemático de este esfuerzo es el Memorial de la Shoah en París (2005). Inaugurado oficialmente el 27 de enero de 2005, Día Internacional de Conmemoración del Holocausto, es el museo y centro de investigación dedicado a la historia del Holocausto y las víctimas judías de Francia, que trasciende su carácter conmemorativo para consolidarse como un centro de archivo, investigación, educación y acción pública.
Su colección reúne más de 1600 piezas, desde objetos fabricados en los campos de concentración hasta pertenencias cotidianas de personas deportadas, junto con materiales que documentan el nazismo, la colaboración y la resistencia. Organizada en ejes temáticos como antisemitismo, vida religiosa y conmemoraciones, esta colección no solo preserva la memoria de las víctimas, sino que también hace visibles relatos históricamente silenciados. En este sentido, el memorial se convierte en un espacio de reflexión crítica sobre el pasado y un lugar de resistencia frente al olvido, donde los objetos, al igual que en la obra de Porter, se erigen como soportes sensibles y políticos de la memoria.
De forma específica, la iniciativa Collecte Nationale des Archives es central en este proceso, ya que busca reunir testimonios, documentos y objetos que pertenecieron a las víctimas de la persecución durante la Segunda Guerra Mundial. Al recolectar estos fragmentos de vida, el memorial garantiza que las experiencias de quienes fueron marginados o exterminados no desaparezcan en el silencio, sino que encuentren un lugar legítimo en el relato histórico. Cada objeto, desde una carta escrita en el exilio hasta un utensilio cotidiano usado en los campos, representa una resistencia contra el olvido y ofrece a los visitantes una conexión íntima y material con el pasado. El sitio web del Memorial del Shoah (Figura 2) nos permite acercarnos al universo objetual del Holocausto.

Además, el memorial incorpora relatos orales y escritos de sobrevivientes y familiares, enriqueciendo la comprensión del impacto del Holocausto en las comunidades judías y en la sociedad en general. Este trabajo de documentación es una forma de contrarrestar las narrativas hegemónicas que en su momento pretendieron borrar o minimizar la magnitud de los crímenes. En este sentido, el Memorial de la Shoah no sólo custodia objetos, sino que activa memorias impedidas y les da un espacio para circular en el presente, confrontando el riesgo de negacionismo y promoviendo una memoria pública crítica.
La función pedagógica de este lugar de memoria es igualmente crucial. Los materiales reunidos se utilizan en programas educativos diseñados para sensibilizar sobre los peligros del antisemitismo, la intolerancia y el odio, generando espacios de reflexión que invitan a cuestionar las raíces de la violencia y a promover el respeto por la dignidad humana. Así, el memorial actúa como un laboratorio de ciudadanía, en el que la historia no se presenta como un relato cerrado, sino como un terreno de disputa que sigue teniendo resonancias políticas y éticas en el presente.
El Memorial de la Shoah es más que un lugar de conmemoración: es un espacio de visibilización de memorias marginadas, un punto de encuentro entre la memoria individual y la colectiva, y un recordatorio de que recordar es una acción política. La preservación de estos objetos y testimonios permite que las voces de las víctimas y de los sobrevivientes no queden confinadas al pasado, sino que dialoguen con el presente y contribuyan a prevenir nuevas formas de exclusión y violencia. De este modo, el memorial se erige como un faro de resistencia contra el olvido y un dispositivo para la construcción de un relato histórico plural, que no solo honra a quienes sufrieron, sino que interpela a las generaciones actuales sobre su responsabilidad en la defensa de la verdad, la justicia y la memoria
En Francia, existen más espacios de memoria que, mediante la conservación de objetos, contribuyen a la preservación y transmisión de las memorias asociadas a la Segunda Guerra Mundial y al Holocausto. Se trata del museo La Contemporaine y el Musée des Beaux-Arts de Rouen con su muestra sobre la restitución de obras expoliadas a judíos durante la Segunda Guerra Mundial, dos ejemplos que permiten acompañar la reflexión que aquí proponemos sobre el papel de los objetos como testigos materiales del pasado y como medios para reconstruir, visibilizar y dignificar las memorias de quienes fueron víctimas de la violencia y la persecución.
Iniciemos con el museo La Contemporaine (2021), que se dedica a la preservación de la memoria histórica del siglo XX y XXI, centrándose en la documentación de eventos significativos y las experiencias de aquellos que los vivieron. Su colección incluye una amplia variedad de objetos y documentos que ofrecen una visión profunda de la vida cotidiana, la resistencia y el sufrimiento de las personas durante momentos cruciales de la historia, como la Segunda Guerra Mundial. Este enfoque permite a los visitantes no solo conocer los hechos históricos, sino también conectar emocionalmente con las historias de quienes los vivieron, contribuyendo a una comprensión más rica y matizada de estos eventos.
Uno de los aspectos más destacados de La Contemporaine es su colección de objetos personales que pertenecieron a las víctimas y sobrevivientes de la guerra (Figura 3). Estos objetos, que varían desde pertenencias cotidianas hasta artículos más simbólicos, actúan como portadores de memoria. Cada uno de ellos cuenta una historia, revelando las vivencias, aspiraciones y sufrimientos de sus dueños. Al preservar estos objetos, el museo no solo rinde homenaje a las familias y los sobrevivientes, sino que también ofrece a los visitantes la oportunidad de reflexionar sobre el impacto duradero de la guerra en las personas y sus comunidades. Una imagen de su sitio web, junto con el detalle de un vestido de rayas gruesas (Robe rayée épaisse), que data de 1944 y que proviene del campo de concentración de mujeres de Ravensbrück, ilustran parte del material que conforma la colección del museo.

La Contemporaine se involucra activamente en la educación y la sensibilización a través de exposiciones y programas que destacan la importancia de recordar y reflexionar sobre el pasado. A través de charlas, talleres y actividades interactivas, el museo busca involucrar a diferentes audiencias en un diálogo sobre la memoria y los derechos humanos. Este enfoque no solo fomenta una conciencia histórica, sino que también impulsa a las personas a considerar su papel en la promoción de una sociedad más justa y tolerante. Al conectar el pasado con el presente, La Contemporaine se convierte en un espacio esencial para la memoria colectiva y la educación sobre los peligros de la intolerancia y el extremismo.

Continuamos con la exposición Restitution d'œuvres spoliées lors de persécutions antisémites (Restitución de obras expoliadas durante persecuciones antisemitas), que se ubica en el Musée des Beaux-Arts de Rouen, institución creada oficialmente el 1º de septiembre de 1801. Esta muestra, inaugurada el 17 de enero de 2024, pone en el centro del debate la recuperación de obras de arte que fueron expropiadas a familias judías durante la Segunda Guerra Mundial (Figura 4). Esta iniciativa no sólo tiene un valor artístico, sino que constituye un acto de justicia y memoria al devolver parte del patrimonio robado a sus legítimos propietarios o herederos. La muestra también honra a quienes sufrieron persecución, encarcelamiento o muerte, y busca crear conciencia sobre el papel del arte en la reparación histórica. Cada obra expuesta representa mucho más que un objeto estético: constituye el testimonio de una historia de expolio y persecución. Reunidas en esta exposición, invitan a reflexionar sobre la importancia de la investigación de procedencia, la restitución de los bienes expoliados y la responsabilidad de las instituciones culturales en la preservación de la memoria histórica.
Esta exposición, abierta desde enero de 2024, hasta enero de 2060, incorpora un enfoque educativo con recursos, talleres y conferencias destinados a sensibilizar sobre el contexto histórico de las obras. La duración de la exposición responde a la naturaleza compleja, delicada y viva de la restitución de obras expoliadas, y convierte al museo en un espacio vivo de memoria, justicia y responsabilidad histórica a largo plazo. De este modo, el museo se transforma en un espacio de aprendizaje, donde el arte, la historia y la memoria dialogan para ofrecer una visión más analítica de las consecuencias del expolio y de la importancia de su reparación en el presente.
El museo conserva actualmente 3141 pinturas, muchas de las cuales carecen de una historia de adquisición completamente documentada. En 2022, la Métropole Rouen Normandie encargó una investigación independiente para evaluar el riesgo de obras expoliadas. Tras seis meses de análisis, se determinó que el 59 % de las obras no presenta indicios de despojo, mientras que el 41% restante podría haber sido objeto de saqueo o carece de información suficiente para confirmarlo. Entre ellas, 38 fueron estudiadas en profundidad, incluyendo nueve del fondo Musées Nationaux Récupération, compuesto por obras recuperadas tras la guerra cuya propiedad legítima aún no ha sido establecida, como Madame Guillaumin cousant, de Armand Guillaumin, y Femme au miroir, de Pierre-Auguste Renoir, ambos casos sujetos a investigaciones y, cuando corresponda, a trámites de restitución (Musée des Beaux-Arts de Rouen, 2024).
Para avanzar en esta labor, el museo ha anunciado siete medidas clave: iniciar la restitución de las obras identificadas, publicar fichas detalladas de las piezas sospechosas, divulgar los resultados en plataformas especializadas, continuar la investigación sobre el resto de la colección, apoyar investigaciones académicas mediante becas, organizar una jornada nacional sobre la restitución y ofrecer visitas temáticas centradas en el expolio nazi. A través de estas acciones, el Musée des Beaux-Arts de Rouen reafirma su compromiso con la conservación del patrimonio, la ética, la justicia y la memoria. La exposición resultante no es solo una muestra de arte, sino una invitación a mirar el pasado con responsabilidad y a participar activamente en la reparación de las heridas históricas que aún afectan a familias y comunidades en todo el mundo.
4. Derechos humanos y objetos: instituciones en acción y nuevas estrategias
A continuación, presentamos un recorrido por un conjunto de instituciones de memoria a nivel internacional que, mediante estrategias museográficas, pedagógicas y metodológicas alternativas, han desarrollado formas innovadoras de visibilizar procesos históricos marcados por la violencia. Este corpus no aspira a ser exhaustivo; más bien, destaca aquellos casos que ejemplifican la puesta en práctica de las estrategias que hemos señalado, ofreciendo, al mismo tiempo, orientaciones valiosas para el diseño de iniciativas capaces de abordar la complejidad material, simbólica y testimonial de los objetos. Es decir, son instituciones que buscan reevaluar las interacciones entre humanos y objetos en busca de dinámicas sociales e históricas que nos permitan comprender el pasado (Cabanes, 2019). Las instituciones de memoria y derechos humanos reunidas en este corpus conforman un campo heterogéneo, articulado por una preocupación común: la producción y circulación de narrativas que abordan la violencia política, los genocidios, las dictaduras, los conflictos armados, la exclusión social y las luchas por la dignidad humana.
Entre los museos y memoriales dedicados a la memoria y los derechos humanos destacan Yad Vashem (Centro Mundial de Conmemoración de la Shoá) en Jerusalén, Israel, con exposiciones como The Holocaust History Museum, inaugurada oficialmente el 15 de marzo de 2005, y donde se presentan ropas, cartas, fotografías y pertenencias personales de las víctimas del Holocausto; el United States Holocaust Memorial Museum (Museo Conmemorativo del Holocausto de EE. UU.) en Washington D. C., Estados Unidos, donde objetos personales y documentos articulan la Shoá desde la perspectiva de quienes la sufrieron; y el Museum of Jewish Heritage (Museo de la Herencia Judía) en New York, Estados Unidos, que aborda la vida, cultura e historia judía centrándose en el Holocausto, la resiliencia y el impacto de la inmigración en la identidad judía.
En Europa, el Verzetsmuseum (Museo de la Resistencia), en Ámsterdam, Países Bajos, exhibe artefactos vinculados tanto a la resistencia como a la persecución nazi, presentándolos como testigos materiales de la violencia. En Berlín, Alemania, el Schwules Museum (Museo LGTBQ+) visibiliza los hostigamientos y las discriminaciones a través de objetos históricos de la comunidad, mientras que el Jüdisches Museum Berlin (Museo Judío de Berlín) explora la vida y la cultura judías y, en algunas de sus exposiciones, pone el foco en objetos personales para acercar al público a experiencias individuales y cotidianas. Por su parte, el Museo de la Paz de Gernika, en Gernika, España, conserva y contextualiza objetos vinculados al bombardeo de 1937.
En América Latina, el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en Santiago, Chile, conserva uniformes, documentos y objetos personales de víctimas de la dictadura; el Espacio de Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA) en Buenos Aires, Argentina, y Villa Grimaldi en Santiago, Chile, presentan objetos recuperados de centros de detención y tortura; y el Museo de la Memoria de Rosario en Rosario, Argentina, exhibe pertenencias de desaparecidos y documentos de la dictadura para articular memoria, resistencia y reparación simbólica. Asimismo, el Memorial da Resistência (Memorial de la Resistencia) en São Paulo, Brasil, y el LUM – Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social en Lima, Perú, comparten la misión de preservar la memoria de periodos de violencia y represión en América Latina. El primero se centra en la resistencia frente a la dictadura militar brasileña, promoviendo la reflexión crítica sobre el autoritarismo y la democracia. El segundo recuerda el conflicto armado interno en Perú, dignificando a las víctimas y fomentando la tolerancia mediante acciones educativas e investigaciones que fortalecen la conciencia histórica.
Otros ejemplos internacionales incluyen el Dachau Concentration Camp Memorial Site (Memorial del Campo de Concentración de Dachau) en Dachau, Alemania, que conserva objetos, documentos y restos materiales del campo como testimonios del sistema represivo nazi; el Kigali Genocide Memorial (Memorial del Genocidio de Kigali) en Kigali, Ruanda, que resguarda pertenencias personales de las víctimas del genocidio de 1994; el Canadian Museum for Human Rights (Museo Canadiense de los Derechos Humanos) en Winnipeg, Canadá, que integra objetos y archivos como evidencia de violaciones de derechos humanos a nivel global; y el Apartheid Museum (Museo del Apartheid) en Johannesburgo, Sudáfrica, que documenta, a través de objetos, testimonios y recursos museográficos, el régimen de segregación racial institucionalizada y las luchas por la libertad y la igualdad en el país. En todos estos espacios, los objetos personales, documentales y artefactos materiales no se limitan a ser piezas de colección, sino que funcionan como vehículos tangibles de memoria y como mediadores simbólicos capaces de reconstruir, visibilizar y dignificar las experiencias de quienes sufrieron violencia y persecución.
Del mismo modo, existen otras instituciones que conservan objetos principalmente como bienes culturales o patrimoniales, sin vincularlos de manera explícita con experiencias de violencia histórica; por esta razón, no forman parte del presente análisis. No obstante, muchas de ellas comparten estrategias de conservación y dispositivos narrativos que se apoyan en la materialidad de los objetos como eje de mediación, transmisión y construcción de memoria. Estas experiencias podrán constituir, en investigaciones futuras, un campo de análisis comparativo más amplio y profundo.
| Institución (nombre original y traducción) | Ciudad | País | Sitio web |
| Apartheid Museum (Museo del Apartheid) | Johannesburgo | Sudáfrica | https://www.apartheidmuseum.org/ |
| Canadian Museum for Human Rights (Museo Canadiense de los Derechos Humanos) | Winnipeg | Canadá | https://humanrights.ca/ |
| Centro de Memoria, Paz y Reconciliación | Bogotá | Colombia | http://centromemoria.gov.co/ |
| Dachau Concentration Camp Memorial Site (Memorial del Campo de Concentración de Dachau) | Dachau | Alemania | https://www.kz-gedenkstaette-dachau.de/es/ |
| Espacio de Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA) | Buenos Aires | Argentina | https://www.espaciomemoria.ar/ |
| Jüdisches Museum Berlin (Museo Judío de Berlín) | Berlín | Alemania | https://www.jmberlin.de/ |
| Kigali Genocide Memorial (Memorial del Genocidio de Kigali) | Kigali | Ruanda | https://kgm.rw/ |
| LUM – Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social | Lima | Perú | https://lum.cultura.pe/ |
| Memorial da Resistência (Memorial de la Resistencia) | São Paulo | Brasil | https://memorialdaresistenciasp.org.br/es/portada/ |
| Museo Casa de la Memoria | Medellín | Colombia | https://www.museocasadelamemoria.gov.co/ |
| Museo de la Memoria de Rosario | Rosario | Argentina | https://www.museodelamemoria.gob.ar/ |
| Museo de la Memoria y los Derechos Humanos | Santiago | Chile | https://mmdh.cl/ |
| Museo de la Paz de Gernika | Gernika-Lumo | España | http://www.museodelapaz.org/ |
| Museum of Jewish Heritage (Museo de la Herencia Judía) | Nueva York | Estados Unidos | https://mjhnyc.org/ |
| Schwules Museum (Museo LGTBQ+) | Berlín | Alemania | https://www.schwulesmuseum.de/ |
| United States Holocaust Memorial Museum (Museo Conmemorativo del Holocausto de EE. UU.) | Washington D. C. | Estados Unidos | https://www.ushmm.org/ |
| Verzetsmuseum (Museo de la Resistencia) | Ámsterdam | Países Bajos | https://www.verzetsmuseum.org/ |
| Villa Grimaldi | Santiago | Chile | https://villagrimaldi.cl/ |
| Yad Vashem (Centro Mundial de Conmemoración de la Shoá) | Jerusalén | Israel | https://www.yadvashem.org/es.html |
Colombia tampoco queda al margen de estas iniciativas de preservación de la memoria objetual. Dicha relación la evidencian el Museo Casa de la Memoria de Medellín y su exposición digital La Casa, un espacio de recuerdos (Sinardet & Toro-Tamayo, 2025b), así como el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá, espacio dedicado a honrar a las víctimas del conflicto armado colombiano mediante la promoción de la memoria, la verdad histórica y los procesos de reconciliación. Concebido como un lugar de encuentro ciudadano, este centro alberga exposiciones, expresiones artísticas y actividades orientadas a la reflexión y el diálogo. La incorporación de objetos vinculados a las experiencias del conflicto armado ha generado transformaciones significativas en las prácticas de gestión documental y museográfica, al obligar a replantear los límites tradicionales del archivo y ampliar la noción de documento hacia soportes que, aunque no fueron concebidos originalmente para registrar información, adquieren hoy un valor histórico, jurídico y social indiscutible (Ríos, 2008).
La gestión de estos objetos exige, por tanto, estrategias específicas capaces de abordar su complejidad material, simbólica y testimonial, reafirmando el papel activo que desempeñan en la construcción, visibilización y dignificación de la memoria de quienes han sufrido violencia y persecución en el país. Desde una perspectiva archivística y de gestión documental, las estrategias que presentamos a continuación permiten no solo documentar los objetos en sí mismos, sino también articularlos con narrativas más amplias sobre las experiencias de las víctimas, las dinámicas del conflicto y los contextos sociales en los que se inscriben.
Una primera estrategia consiste en la producción de sistemas de documentación ampliada, que no se limitan a describir las características físicas de los objetos, sino que integran información contextual, relacional y biográfica. En estos registros, el objeto se inscribe dentro de una red de significados que articula trayectorias personales, dinámicas del conflicto y procesos colectivos de memoria. Este tipo de documentación rompe con los modelos descriptivos convencionales al incorporar relatos personales, testimonios familiares y memorias comunitarias como parte constitutiva del expediente documental. Una construcción en la que confluyen aspectos dominantes de la cultura, con aspectos marginales que hacen parte del recuerdo personal (Toro-Tamayo, 2018).
Otra estrategia clave es la adaptación de los criterios de conservación a materiales que presentan una alta fragilidad física y una carga emocional particular. La gestión de estos objetos requiere protocolos diferenciados que contemplen no solo aspectos técnicos, como el control ambiental o el uso de materiales de archivo, sino también consideraciones éticas relacionadas con su manipulación, exhibición y circulación (Foster, 2004). En este sentido, la conservación se concibe como un proceso de cuidado que reconoce la dimensión sensible de los objetos y su vinculación con experiencias de violencia y pérdida.
La digitalización se ha consolidado como una herramienta central para la gestión de estos nuevos tipos documentales. Más allá de su función preservacionista, los entornos digitales permiten articular los objetos con otros registros, tales como fotografías, objetos personales, documentos privados como cartas, libretas y diarios, bases de datos, testimonios audiovisuales, entre otros, generando sistemas de información complejos que facilitan la investigación, la pedagogía y el acceso público. La adopción de estándares de metadatos ha sido fundamental para integrar estos materiales en plataformas institucionales sin diluir su especificidad.
Asimismo, la participación de las comunidades y de las víctimas se ha convertido en un componente estructural de las estrategias de gestión documental. Según Ludmila da Silva Catela y Elizabeth Jelin (2002, p. 203), en su análisis del caso argentino, resulta indispensable, en la (re)construcción de las memorias “heridas” por la violencia, ofrecer a las víctimas y a las personas afectadas los recursos simbólicos y narrativos necesarios para legitimar sus recuerdos y recomponer sus identidades. Este proceso exige la co-construcción de un dispositivo archivístico compartido, en el que los propios sujetos implicados participen activamente en la configuración, interpretación y transmisión de los fondos documentales que dan sustento a sus memorias. En numerosos proyectos, los procesos de identificación, clasificación y descripción de los objetos se desarrollan de manera colaborativa, permitiendo que las personas directamente afectadas intervengan en la construcción del sentido documental. Este enfoque desplaza la autoridad exclusiva de las instituciones y redefine el archivo como un espacio de negociación y co-producción de memoria.
La cooperación interinstitucional representa otra estrategia relevante. La colaboración entre archivos, museos, organizaciones de derechos humanos y entidades estatales ha permitido compartir recursos técnicos, armonizar criterios descriptivos y desarrollar protocolos comunes para la gestión de materiales sensibles. Estas alianzas resultan especialmente importantes en un contexto donde muchos objetos permanecen dispersos, en riesgo de deterioro o fuera de los circuitos formales de preservación. No obstante, apenas estamos iniciando con estas labores mediante cursos, materiales expositivos y escritos académicos, posicionando la necesidad de ampliar el campo documental y liberando el archivo de las cargas decimonónicas de catalogación y gestión documental.
En el plano normativo, el reconocimiento progresivo de documentos no convencionales dentro del marco archivístico colombiano ha generado condiciones para la incorporación de estos materiales en los sistemas oficiales de información. Instituciones como el Archivo General de la Nación (Archivo General de la Nación, s./f.) y Centro Nacional de Memoria Histórica (Centro Nacional de Memoria Histórica, s./f.), han avanzado en la aplicación de normas archivísticas flexibles, en la capacitación especializada de profesionales y en el desarrollo de proyectos orientados a integrar objetos vinculados al conflicto armado en fondos y colecciones de memoria histórica.
En conjunto, estas estrategias representan transformaciones profundas y en curso en las prácticas archivísticas y museográficas. Evidencian que la gestión de nuevos tipos documentales no puede reducirse a una adaptación técnica de los procedimientos archivísticos existentes. Se trata, más bien, de un proceso que redefine las prácticas de registro, conservación y acceso, al tiempo que cuestiona los criterios tradicionales de valoración documental. La memoria objetual, en este sentido, opera como un campo de experimentación que amplía las posibilidades del archivo y contribuye a la construcción de una memoria histórica más diversa, situada y abierta a múltiples formas de inscripción del pasado.
5. Los objetos frente al tiempo
La gestión y preservación de objetos vinculados a las experiencias del conflicto armado se consolidan como una dimensión central en los procesos contemporáneos de construcción de memoria histórica. Estos materiales permiten ampliar los registros del pasado más allá de los relatos oficiales, habilitando formas de conocimiento que integran lo testimonial, lo afectivo y lo cotidiano. En este sentido, los objetos no solo contribuyen a la documentación de la violencia, sino que introducen miradas situadas que restituyen la densidad humana de las experiencias vividas.
En Colombia, el trabajo desarrollado por instituciones archivísticas, museográficas y comunitarias evidencia avances significativos en la formulación de metodologías orientadas a la gestión de materiales sensibles. La articulación entre conservación, descripción contextual, digitalización y participación de las víctimas ha permitido construir dispositivos de memoria que trascienden la función informativa del archivo y se proyectan como espacios de mediación entre memoria, verdad y justicia. Estas prácticas refuerzan el carácter reparador de los procesos de memoria y fortalecen el vínculo entre las comunidades y los dispositivos institucionales que resguardan sus historias.
Las experiencias internacionales analizadas, abordadas a partir de una reflexión inicialmente anclada en el caso colombiano y posteriormente ampliada mediante una aproximación comparativa en Francia, demuestran, además, el potencial de estas estrategias para establecer diálogos transnacionales entre memorias históricamente situadas. Al poner en relación distintas geografías de la violencia y la resistencia, estas iniciativas amplían los horizontes interpretativos y contribuyen a una comprensión relacional de la memoria, capaz de reconocer tanto las especificidades locales como los patrones globales de exclusión y violencia. La circulación de exposiciones y proyectos colaborativos evidencia cómo los objetos pueden operar como mediadores culturales que facilitan la transmisión y resignificación de memorias en contextos diversos.
Por otra parte, el desarrollo de entornos digitales ha transformado profundamente las formas de acceso, uso y apropiación de los archivos de memoria. La virtualización no solo garantiza la preservación a largo plazo, sino que multiplica las posibilidades de interacción, investigación y pedagogía, consolidando el acceso a la memoria como un componente esencial de los derechos culturales. En estos espacios, los objetos adquieren nuevas capas de sentido y continúan activando procesos de reflexión colectiva.
En conjunto, estas experiencias ponen de relieve que la preservación de la memoria objetual constituye una práctica activa de producción de sentido social. Lejos de operar como simples evidencias del pasado, los objetos se configuran como agentes que interpelan el presente y contribuyen a imaginar futuros posibles. Su gestión responsable y situada reafirma el papel de la memoria como un campo en disputa, fundamental para los procesos de reconocimiento, reparación simbólica y garantía de no repetición.
Financiamiento
El presente texto se inscribe en el conjunto de reflexiones desarrolladas por los investigadores del proyecto ARMEP, en el marco del programa ECOS NORD – Francia, financiado por el Ministerio de Educación Superior y de Investigación (MESR) y el Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores (MEAE), así como por el Programa de Intercambio de Investigadores (Convocatoria 940 de 2023), liderado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia y el Fondo Nacional de Financiamiento para la Ciencia, la Tecnología y la Innovación “Francisco José de Caldas” de Colombia; y del proyecto OMECA, financiado por el Institut Universitaire de France (IUF). Ambas iniciativas son desarrolladas por integrantes del Centre de Recherches Ibériques et Ibéro-américaines (CRIIA UR Etudes romanes) de la Université Paris Nanterre (Francia), del IUF y del Grupo de Investigación en Información, Conocimiento y Sociedad de la Universidad de Antioquia (Colombia).
Roles de colaboración
Luis Carlos Toro Tamayo: Escritura, revisión y edición
Emmanuelle Sinardet: Escritura, revisión y edición
Fuentes documentales
Colombia. Archivo General de la Nación (s. f.). Guías archivísticas del Archivo General de Colombia. https://www.archivogeneral.gov.co/sites/default/files/Estructura_Web/5_Consulte/Recursos/Publicacionees/V8_Guia_Sistema_Integrado_de_Conservacion.pdf
Colombia. Archivo General de la Nación (s. f.). Guías de conservación y manejo de archivos. https://www.archivogeneral.gov.co
Colombia. Centro Nacional de Memoria Histórica (s. f.). Centro Nacional de Memoria Histórica – Colombia. https://www.centrodememoriahistorica.gov.co
Colombia. Centro Nacional de Memoria Histórica (s. f.). Protocolo de gestión documental. https://centrodememoriahistorica.gov.co/wp-content/uploads/2021/08/Protocolo-gestion-documental.pdf
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Recepción: 30 Abril 2026
Aprobación: 30 Julio 2026
Publicación: 01 Octubre 2026