PC Palabra Clave (La Plata), abril - septiembre 2026, vol. 15, núm. 2, e288. ISSN 1853-9912
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Departamento de Bibliotecología

Lecturas críticas

Lectura crítica sobre Parada, A. E. (2023). Bajo el signo de la Bibliotecología. Ensayos bibliotecarios desde la posmodernidad tardía. Eduvim

Ayelén Fiebelkorn

Instituto de investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP-CONICET), Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata, Argentina
Cita sugerida: Fiebelkorn, A. (2026). [Revisión de Bajo el signo de la Bibliotecología. Ensayos bibliotecarios desde la posmodernidad tardía por A. E. Parada]. Palabra Clave (La Plata), 15(2), e288. https://doi.org/10.24215/18539912e288

A lo largo de los siglos, las bibliotecas sobrevivieron a guerras, catástrofes naturales, enfrentamientos religiosos, crisis económicas y, en nuestro pasado más inmediato, a la pandemia por Coronavirus. Los desafíos bibliotecarios y bibliotecológicos abiertos en el escenario de la pospandemia componen el motivo central del nuevo libro de Alejandro E. Parada.

Mencionemos que Bajo el signo de la bibliotecología (…) es la obertura de la Colección Calímaco, dirigida por el autor, bajo el sello Eduvim, editorial de la Universidad Nacional de Villa María. La colección, de índole “orquestal”, articula aportes de la bibliotecología con otros provenientes de la historia y las ciencias sociales. A través de siete entregas, procura tematizar las herencias culturales e identidades de la modernidad impresa, la historia de las bibliotecas y los desafíos de la posmodernidad a nivel bibliotecario y bibliotecológico, tópico al que se consagra de lleno este primer volumen.

Las páginas introductorias del libro se inauguran con una sugestiva metáfora: la bibliotecología como un “recinto plural y candente”. En efecto, la intención del autor es demostrar la trascendencia de una disciplina –por cierto, la de procedencia– abierta a múltiples encuentros con las humanidades y las ciencias sociales. Así, a través de nueve entradas ensayísticas, nos invita a recorrer ese recinto a partir de una serie de reflexiones consustanciadas con los dilemas del presente y cimentadas sobre un incesante diálogo con la filosofía, la historia, las ciencias políticas y la sociología.

Publicados en revistas especializadas entre los años 2014 y 2021, los ensayos reunidos ofrecen distintos recortes temáticos que, en palabras de Parada: “se imbrican e interpelan en el nudo de la vocación de ser bibliotecarios y bibliotecarias” (p. 14). Ciertamente, a diferencia de obras precedentes de su autoría –sus contribuciones de referencia en el área de la historia de la lectura, los libros y las bibliotecas–, en esta ocasión su experiencia profesional está puesta al servicio de interrogar el presente y futuro disciplinar, impensables, como es su intención demostrar, fuera de la dialéctica de la historia y del diálogo multidisciplinar.

Si retomamos la metáfora del recinto, es posible leer los ensayos como habitaciones independientes y advertir, poco a poco, las puertas internas que las conectan. Así, el primer capítulo –“Posmodernismo y Bibliotecología”– nos propone un recorrido por las reconfiguraciones y desafíos que el posmodernismo supone para una disciplina caracterizada por la parcelación del acceso a la información, las nuevas tecnologías virtuales y digitales, la variación de los soportes materiales de lectura, entre otros aspectos. Ante esta transición del mundo impreso al digital, el autor aboga, en línea con Néstor García Canclini (2001), por una “bibliotecología de la hibridación”, con profesionales formados para “coadyuvar en la construcción independiente de significados” (p. 24). De igual modo, propone “meditar los aconteceres bibliotecarios inmersos en la dialéctica de la historia y las concepciones ideológicas” (p. 22). Esta clave interpretativa que sitúa a lo histórico e ideológico en primer plano, junto con la alusión a la meditación como modo de aproximarse a una problemática, conforman un continuum a lo largo del recorrido del libro.

La mutación de la espacialidad bibliotecaria –de la materialidad física a la virtual– es, de acuerdo al autor, uno los fenómenos más significativos de la posmodernidad. Así, el segundo capítulo –“Espacialidad y bibliotecas”– problematiza ese trastocamiento espacial a partir de una reflexión filosófica de la mano de clásicos como René Descartes, George Berkeley e Immanuel Kant, entre otros. Aquí surge otro rasgo destacable del registro ensayístico empleado: las rigurosas reflexiones filosóficas o sociológicas coexisten con un aliento programático, con aquella praxis operativa prototípica del quehacer profesional bibliotecario. En ese sentido, resulta sugerente que, tras esta reflexión, Parada identifique dos tareas impostergables para el presente-futuro bibliotecario: el rescate de patrimonios documentales locales y la articulación de discursos políticos.

Así, el tercer capítulo –“Perspectivas de la biblioteca pública y la historia local: una relación desde el patrimonio documental”–, explora la primera de esas cuestiones. Retoma el concepto de Mathilde Servet (2010) relativo a la biblioteca como “un tercer lugar”, según el cual las salas públicas ya no deben ser lugares exclusivos de lectura, sino “unidades multifuncionales que estimulen nuevos ámbitos de socialización, especialmente de sectores etarios jóvenes” (p. 39). De este modo, Parada recupera la idea de convertir a las bibliotecas en ámbitos de diversas funcionalidades que no giren solamente en torno a la práctica lectora, sino también al encuentro social, los espectáculos y las capacitaciones laborales de sus usuarios/as, asistidos/as por profesionales con una formación tecnológica adecuada.

Luego de desglosar perspectivas sobre la biblioteca pública como institución social amplificadora del espacio público –desde el Iluminismo hasta el presente de “multitudes virtuales”–, el autor destaca su carácter de legataria de fuentes patrimoniales (bibliográficas, documentales y digitales) de una región, ciudad o pueblo. En concreto, demuestra cómo la biblioteca pública se interrelaciona –junto a museos y archivos– con la historia local y la producción de un conocimiento histórico enfocado en lo nativo, actualmente en retroceso frente al predominio de lo global. En tren de fortalecer esa interrelación, invita a los actores bibliotecarios a considerar una serie de aspectos e interrogantes que comparte hacia el final del capítulo.

Ahora bien, esa dimensión patrimonial desplegada en el tercer ensayo, no puede atenderse por fuera de la trama política que históricamente articuló la dinámica bibliotecaria. Esa trama es abordada en el cuarto capítulo –“Tras las huellas de la biblioteca pública y su trama política. Una incursión desde la Argentina”– donde el autor apela a la larga duración histórica para revisitar el nexo originario entre el universo político y el bibliotecario. Dos experiencias argentinas concitan su interés: la Biblioteca Pública de Buenos Aires fundada por la Revolución de Mayo en 1810, y la expansión de bibliotecas populares de la mano de Domingo Faustino Sarmiento en 1870. En ambos casos, y el panorama resulta extensible al continente latinoamericano, el nexo con lo político resulta tan irrevocable como socialmente aceptado.

Por eso, Parada identifica como una circunstancia paradójica el hecho de que durante el siglo XX proliferase una conciencia “apolítica” en el escenario bibliotecológico regional, expresada en el tópico de una ilusoria “neutralidad” profesional. Tal paradoja es desmontada no solo desde el plano filosófico, sino apelando a la experiencia histórica concreta, a partir de figuras como la bibliotecaria Josefa Emilia Sabor y el bibliotecario Roberto Juarroz, quienes inmersos en la cultura profesional, impulsaron, en las décadas de 1960 y 1970, relecturas disciplinares en una clave social-latinoamericana consustanciada con las ciencias sociales.

Lo cierto es que, a partir de la década de 1990, la ideología neoliberal propició un vaciamiento del pensamiento histórico en la formación bibliotecaria. En palabras del autor: “expulsar a la Historia (como disciplina mayúscula en nuestra formación) es el paso previo y necesario para propiciar la ausencia de pensamiento político” (p. 71). La sustracción de la sensibilidad política e histórica de los individuos es, de hecho, una necesidad en el marco del posmodernismo tematizado en el primer ensayo. Entonces, los argumentos son taxativos en cuanto a potenciar la presencia de la historia y las ciencias políticas en las instancias de formación profesional.

De algún modo, el sexto capítulo titulado “Una historia de las bibliotecas con vocación latinoamericana”, puede leerse como una bifurcación de este cuarto ensayo, pues profundiza en la historiografía bibliotecaria consagrada al escenario latinoamericano. Aquí Parada señala nuevos enfoques, áreas temáticas, nudos problemáticos y zonas de vacancias. Por caso, apunta la insuficiencia de las tipologías bibliotecarias tradicionales, orientadas por los modelos europeo y estadounidense, para analizar la realidad latinoamericana, donde las disputas políticas e ideológicas tendieron a impactar en la discontinuidad de las dinámicas bibliotecarias. En lo sucesivo, aboga por una historia de las bibliotecas con vocación latinoamericana, inserta en el “núcleo enriquecedor” de la historia de la cultura escrita e impresa –donde confluyen los aportes de historia de la edición, la lectura y la escritura–.

El quinto capítulo, “Bibliotecas e inclusión”, nos vuelve a situar en un presente en el cual las tipologías bibliotecarias del pasado entraron en crisis frente a la virtualidad, la mutación espacial y las infinitas posibilidades de consulta digital. En tal sentido, el autor propone una unificación temática en torno al eje de la inclusión, un tema que ya no solo es exclusivo de la biblioteca pública sino “patrimonio global de todos los tipos de bibliotecas en ámbitos de potenciales lectores universales” (p. 92). En este caso, incursiona en una tipificación de la inclusión bibliotecaria y, seguidamente, reflexiona en torno a las conductas profesionales que es necesario incorporar para favorecer lo inclusivo. Así, se refiere a “cultivar lo diferente”, para que la biblioteca exprese “un espacio móvil y plástico de lo diverso” (pp. 94-95). También considera los desafíos de esa inclusión; por ejemplo, advierte la persistencia de discursos autosuficientes en los cuales la biblioteca es representada como el “espacio sagrado del libro (…) sin tener en cuenta los procesos de división y fragmentación social que ha ocasionado la globalización del capitalismo” (p. 98).

El séptimo y el octavo capítulo –titulados “Endogamia y bibliotecología” y “Escritura y bibliotecología”– pueden pensarse como un díptico guiado por el afán de potenciar la reflexión disciplinar. Con “endogamia”, el autor se refiere a cierta impronta introspectiva de la profesión, una conducta limitativa que asume distintas modalidades como, por caso, la endogamia “temática”, caracterizada por la reiteración de tópicos disciplinares y las escasas zonas de contacto con otras áreas de las humanidades. Luego, presenta una tipificación de las endogamias y convoca a superarlas en aras de habitar “otras territorialidades para expandir nuestra identidad” (p. 123).

Desde luego, la escritura, en tanto manifestación identitaria disciplinar, puede ser uno de los caminos en pos de ese objetivo. A través de dos visitas, el autor ausculta el acto de escribir en torno a sus potencialidades –el desarrollo de nuevas metodologías o perspectivas temáticas, entre otras– y a sus actuales limitaciones, ligadas a exigencias académicas que propician registros discursivos unívocos, “en una especie de minimalismo regulado de la escritura” (p. 133). Sugiere evitar aquello que Roland Barthes (1975) denominó “el discurso previsible o el fastidio de los discursos previsibles” (cit. en p. 130). Invita, por tanto, a abrir la escritura a articulaciones “más libres y menos configuradas”, a expandir las formas de expresar contenidos, prácticas y representaciones disciplinares, en diálogo con otras disciplinas.

De algún modo, los ensayos en conjunto encarnan tal apuesta de escritura expandida y dialógica: cada tópico es transitado desde un cierto estado de apertura reflexiva, principalmente a través de diálogos libres con aportes multidisciplinarios y construcción de tipologías, procedimientos que tienden a suscitar nuevos interrogantes.

Precisamente, el epílogo del libro, “Pospandemia y bibliotecas ¿Ahora qué?”, retrata esa potencia del interrogante que caracteriza al conjunto. Aquí el peso de la pregunta recae con toda su fuerza sobre el presente pospandémico y el autor sopesa una respuesta. Contra el pronóstico de sectores que diagnosticaban la extinción bibliotecaria, la demanda social por la apertura de servicios mínimos durante la pandemia, demostró la centralidad de estas instituciones en cuanto al ejercicio de la ciudadanía y los derechos de igualdad ante la ley.

Por eso, si bien el escenario de la pospandemia exige reconfiguraciones desde una perspectiva compleja (que considere fenómenos comentados como la inmaterialidad del libro, el impreso digital, la demanda remota de “residentes digitales” y la fragmentación de prácticas lectoras), al mismo tiempo potencia la misión bibliotecaria en torno al incremento de ciudadanía –incluyendo sus formas digitales– e incluso, prefigura oportunidades hasta ahora no conocidas. Este escenario demanda a la profesión, en aras de trasmitir la cultura del libro, “migrar hacia una experticia vinculada con la instrucción” (p. 147) y convoca, además, a fortalecer las redes interbibliotecarias.

De manera global, Bajo el signo de la bibliotecología (…) nos ofrece claves de lectura para interpretar una serie de fenómenos que se presentan como novedosos y dejan de serlo en cuanto el recorrido nos adentra en la larga duración bibliotecaria, en la dialéctica de la historia y la ideología, en una zona de legados, paradojas, dilemas y proyecciones, en la cual pasado, presente y futuro resultan dimensiones inescindibles. Además, proporciona una invaluable cantera de insumos analíticos para prevenir, en la posmodernidad tardía, tanto las tendencias nostálgicas, ancladas en la bibliotecología del siglo XX, como las ahistóricas, basadas en la instantaneidad tecnológica del presente. Fundamentalmente, contribuye a alentar el debate, la crítica y la discusión en torno a las bibliotecas y la disciplina bibliotecológica entre sus hacedores y hacedoras, en el marco de las ciencias sociales.

Referencias

Barthes, R. (1975). Roland Barthes por Roland Barthes. Monte Ávila Editores.

García Canclini, N. (2001). Culturas híbridas. Paidós.

Servet, M. (2010). Les bibliothèques troisième lieu: una nouvelle génération d´établissements culturels. Bulletin des bibliothèques de France, 55(4), 57-66. https://www.enssib.fr/bibliotheque-numerique/documents/21206-les-bibliotheques-troisieme-lieu.pdf



Recepción: 16 Junio 2025

Aprobación: 08 Septiembre 2025

Publicación: 01 Abril 2026



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