Dosier
Paisajes y tinta: la prensa escolar como mediadora de identidad espacial en Colombia (1870–1884)
Resumen: Este artículo examina la trayectoria política e intelectual de Eustorgio Salgar, presidente de Colombia entre 1870 y 1872, desde la perspectiva de las ciencias de la información. Se analizan sus aportes a la modernización institucional y a la consolidación de la educación pública, destacando su papel en la configuración de una ciudadanía ilustrada. La metodología combina un análisis documental de fuentes primarias con revisión crítica de literatura secundaria. Los resultados muestran que Salgar impulsó reformas educativas, promovió la prensa como instrumento de formación ciudadana y fortaleció la relación entre información y esfera pública. Se identifican tres dimensiones clave: la educación como política de inclusión, la circulación de impresos como medio de democratización cultural y el fortalecimiento del archivo estatal como instrumento de gobernanza. Se concluye que, aunque breve, su gobierno marcó una transición relevante hacia un modelo republicano donde la información se consolidó como recurso estratégico de desarrollo. El estudio aporta una mirada interdisciplinaria que articula historia política y ciencias de la información, ofreciendo insumos para comprender las raíces de la relación entre Estado, ciudadanía y cultura escrita en Colombia.
Palabras clave: Identidad espacial escolar, Prensa pedagógica, Historia de la educación, Discurso pedagógico, Siglo XIX, Colombia.
Landscapes and ink: school press as a mediator of spatial iIdentity in Colombia (1870-1884)
Abstract: This article examines the political and intellectual career of Eustorgio Salgar, president of Colombia since 1870 to 1872, from the perspective of information science. It analyzes his contributions to institutional modernization and the consolidation of public education, highlighting his role in shaping an enlightened citizenry. The methodology combines documentary analysis of primary sources with a critical review of secondary literature. The results show that Salgar promoted educational reforms, promoted the press as a tool for citizen education, and strengthened the relationship between information and the public sphere. Three key dimensions are identified: education as a policy of inclusion, the circulation of printed materials as a means of cultural democratization, and the strengthening of the state archive as an instrument of governance. It concludes that, although brief, his administration marked a significant transition toward a republican model where information was consolidated as a strategic resource for development. The study provides an interdisciplinary perspective that articulates political history and information science, offering insights into the roots of the relationship between the state, the citizenship, and the written culture in Colombia.
Keywords: School spatial identity, Pedagogical press, History of education, Pedagogic discourse, 19th century, Colombia.
1. Introducción
El 3 de febrero de 1863 se crearon los Estados Unidos de Colombia, mediante la Constitución de Rionegro, sancionada en Antioquia tras la victoria liberal en la guerra civil de 1860–1862. Esta nueva república federal enfrentó, hacia 1870, un escenario de fragmentación política, desigualdades territoriales y tensiones ideológicas que hacían urgente construir un relato común sobre la nación y su geografía. Bajo el liderazgo del presidente Eustorgio Salgar,1 se promovieron reformas educativas orientadas a forjar un proyecto republicano. Estas reformas apuntaban a transformar la escuela en un dispositivo para modelar ciudadanos, difundir valores cívicos y, especialmente, producir una nueva forma de comprender y habitar el territorio nacional.
En este contexto, adquiere centralidad el concepto de identidad espacial, entendido en este estudio como el conjunto de representaciones, prácticas discursivas y normas simbólicas a través de las cuales la escuela fue configurada como un lugar cargado de sentido, articulando territorio, pedagogía y nación. La identidad espacial escolar no se limita a la representación geográfica, sino que involucra procesos de significación cultural y política sobre el espacio educativo y su papel en la construcción de imaginarios colectivos. Este artículo propone que dicha identidad fue promovida de manera activa por el periódico oficial La Escuela Normal, órgano de divulgación pedagógica creado por la Dirección General de Instrucción Pública entre 1871 y 1884.
El análisis parte de cinco retos estructurales que marcaron la política educativa liberal de finales del siglo XIX: (1) la fragmentación regional y el regionalismo político, que dificultaban una narrativa educativa homogénea (Guerrero, 2023; Ruiz, 2024); (2) la ausencia de una infraestructura escolar consolidada (Miseres, 2022); (3) las tensiones entre Iglesia y Estado, que afectaban la enseñanza del territorio (Mora, 2022); (4) la exclusión de comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas en la narrativa nacional (López, 2023); y (5) el déficit de materiales didácticos pertinentes, como mapas y libros escolares contextualizados (Perdomo y Rodríguez, 2023). Todos estos factores incidieron directamente en los modos de representar y educar el espacio colombiano desde la escuela.
Como respuesta, se emprendieron tres acciones estratégicas: la creación de Escuelas Normales, la formación de maestros y la circulación de instrumentos pedagógicos como La Escuela Normal. Este periódico, distribuido semestralmente por el gobierno y orientado a docentes en formación, constituye una fuente privilegiada para analizar cómo se construyeron sentidos sobre el espacio, tanto nacional como escolar. Sus secciones recurrentes —entre ellas, enseñanza de la geografía, historia patria, pedagogía y normativa educativa— ofrecen indicios claros sobre cómo se modelaba una geografía escolar funcional al proyecto liberal de nación.
Este artículo se centra, entonces, en analizar cómo el periódico contribuyó a la consolidación de una identidad espacial escolar en Colombia entre 1870 y 1884. Más allá de su función informativa, se plantea que el periódico operó como un agente de mediación simbólica, en tanto promovió imaginarios espaciales específicos, jerarquizó regiones, legitimó formas normativas de ocupar el espacio escolar y articuló al magisterio como sujeto territorial del Estado. Para ello, se privilegia una lectura crítica de 70 números del periódico, desde un enfoque documental cualitativo, buscando comprender la articulación entre discurso, territorio e ideología.
En síntesis, esta investigación busca demostrar que La Escuela Normal no solo transmitió contenidos pedagógicos, sino que contribuyó a construir un marco simbólico desde el cual los actores educativos pudieron imaginarse como parte de una comunidad territorial, nacional y escolar. En ese marco, la identidad espacial se convierte en una categoría clave para comprender cómo se territorializó la idea de nación desde la escuela.
2. Metodología
Para el desarrollo de esta investigación se definió un problema centrado en la identificación de las formas en que el periódico La Escuela Normal (1871–1884) contribuyó a construir una identidad espacial escolar en Colombia durante el siglo XIX. Tal como se adelantó, el estudio parte del reconocimiento de cinco retos estructurales enfrentados por el gobierno liberal radical en ese período, los cuales se encuentran documentados en fuentes primarias y secundarias y permitieron situar la relevancia del periódico como herramienta discursiva para pensar la configuración del espacio escolar. A partir del análisis de 70 ejemplares del periódico, se formuló la pregunta de investigación: ¿Cuáles fueron los elementos referenciales más destacados para construir la identidad espacial en la escuela, promovidos a través del periódico La Escuela Normal en Colombia entre 1870 y 1884?
Este interrogante derivó en el objetivo de describir las estrategias discursivas (elección de palabras, titulares y estructura narrativa) mediante las cuales el periódico La Escuela Normal actuó como mediador en la construcción de una identidad espacial escolar en Colombia entre 1870 y 1884. Con este horizonte, se adoptó un enfoque cualitativo de tipo documental e interpretativo, sustentado en un paradigma histórico-hermenéutico. El periódico se concibe como una tecnología discursiva que, más allá de informar, producía significados sobre la escuela, el territorio y el lugar de los sujetos en él. La identidad espacial escolar fue la categoría central de análisis y se definió como el conjunto de significaciones construidas en torno al espacio educativo —materiales, simbólicas y discursivas— que permitieron articular una forma particular de habitar, representar y normar la escuela en su relación con el territorio nacional (Harvey, 2023; Lefebvre, [1974] 2014; Soja, 2019).
A diferencia de otras categorías como “nación” o “identidad” en abstracto, que se reconocen como contextos referenciales importantes pero secundarios para esta investigación, la identidad espacial permite observar de manera específica cómo se construyen formas de localización, jerarquización y sentido sobre el espacio escolar. Esta distinción es metodológicamente necesaria para evitar una dispersión conceptual y mantener el foco en el núcleo original del estudio.
En función de lo anterior, se definieron tres dimensiones analíticas para orientar la lectura crítica de los contenidos del periódico:
Representaciones del espacio escolar: se examinaron las narrativas sobre la disposición, arquitectura y usos del espacio escolar, considerando su carga ideológica y pedagógica. Esta dimensión se inspira en Lefebvre ([1974] 2014) y Kipfer et al. (2013), quienes han mostrado cómo los discursos sobre el espacio están atravesados por relaciones de poder y normatividad cultural.
Imágenes y metáforas espaciales: se analizaron expresiones visuales y lingüísticas —como mapas, croquis o metáforas territoriales— que configuran al espacio escolar como extensión del proyecto republicano, pero bajo una lógica de domesticación y civilización del territorio (Cresswell, 2021; Fontes, 2017).
Vinculación entre espacio y valores educativos: se identificaron artículos y secciones que asocian el espacio escolar con valores como la moral, el civismo o el orden, configurando un paisaje simbólico en el cual el aula se convierte en matriz de ciudadanía ilustrada (López & De la Vega, 2022).
Las demás categorías conceptuales (como “nación”, “identidad nacional” o “construcción de imaginarios”) fueron tratadas en notas al pie o como referencias contextuales, sin desplazar el foco central en la construcción de la identidad espacial.2
El corpus fue analizado mediante técnicas de codificación temática, interpretación cualitativa y comparación histórico-discursiva. El criterio de inclusión consideró textos del periódico con referencia directa o implícita al espacio escolar y su función formativa. El análisis fue complementado con fuentes secundarias que aportaron al contexto histórico y pedagógico del siglo XIX colombiano.
2.1 Diseño metodológico
Esta investigación se sitúa en un enfoque histórico-hermenéutico, el cual permite comprender la prensa educativa no solo como un registro del pasado, sino como un artefacto cultural y simbólico que intervino activamente en la producción de sentido sobre el espacio escolar. De acuerdo a Dalissier (2024), se concibe la investigación como un ejercicio reflexivo y multiperspectivo, que permite interpretar las huellas discursivas sobre cómo se representó, normó y resignificó el espacio educativo en un contexto específico del siglo XIX colombiano. El estudio adopta un enfoque cualitativo de tipo documental, tal como lo proponen Magro, Santos & Guelfi (2024), en tanto se trabaja sobre un corpus textual previamente producido —el periódico La Escuela Normal— como fuente primaria. Este documento se entiende como una plataforma donde se condensan concepciones, representaciones y prácticas en torno a la escuela, articuladas en un lenguaje técnico y simbólico que refleja el proyecto educativo liberal de la época.
El eje articulador del análisis es el concepto de identidad espacial escolar, entendido como un conjunto de significaciones construidas discursivamente en torno al espacio educativo, que organizan formas de habitar, representar y jerarquizar tanto la escuela como el territorio donde se inscribe. Esta categoría, que se distingue de otras como “nación” o “identidad” en sentido amplio, permite focalizar el análisis en las materialidades, los discursos y las normatividades que produjeron una forma específica de espacialidad escolar en el periodo comprendido entre 1870 y 1884 (Cresswell, 2021; Lefebvre, [1974] 2014; Soja, 2019).
La fuente principal de análisis fue una muestra de 70 ediciones del periódico La Escuela Normal, publicadas por la Dirección General de Instrucción Pública. Como fuentes secundarias se incluyeron documentos historiográficos y estudios especializados en prensa, pedagogía y configuración territorial en Colombia durante el siglo XIX.
2.1.1 Criterios de inclusión y exclusión documental
Criterios de inclusión: se seleccionaron documentos según tres parámetros: (1) pertinencia temporal (1870–1884), (2) autoría oficial o técnica, y (3) relevancia temática en relación con la espacialidad escolar.
Criterios de exclusión: se descartaron artículos que no abordaran directa o indirectamente el espacio educativo, su representación o su función dentro del ideario liberal.
2.1.2 Técnicas de recolección de información
Consulta de archivos históricos y hemerotecas nacionales.
Revisión de publicaciones especializadas en historia de la educación, prensa pedagógica y cartografía escolar.
Búsqueda en bases de datos académicas (Web of Science, Scopus, JSTOR), bibliotecas físicas y digitales.
2.1.3 Métodos de análisis
Análisis de contenido: identificación de patrones temáticos, tópicos recurrentes y elementos visuales en los textos.
Codificación abierta y axial: categorización inductiva de fragmentos relacionados con formas de representación espacial (ejemplos: términos como “patria”, “geografía”, “escuela”, “región”, “civilización”, etc.).
Análisis semántico: estudio de las cargas simbólicas y normativas de los términos más frecuentes.
Evaluación contextual de imágenes: mapas, esquemas arquitectónicos, símbolos escolares y representaciones del territorio.
2.1.4 Criterios de procesamiento de la información
| Categoría | Descriptor cuantitativo | Descriptor cualitativo | Evaluación |
| Temática principal | % de artículos sobre geografía, pedagogía e historia. | Análisis de contenido en función de categorías espaciales. | Clasificación temática de artículos en relación con identidad espacial. |
| Fuentes utilizadas | % de artículos con fuentes oficiales o gubernamentales. | Diversidad de fuentes institucionales, testimoniales o técnicas. | Revisión crítica de atribuciones y legitimidades discursivas. |
| Frecuencia de palabras | Conteo de términos como "territorio", "escuela", "región". | Análisis de su carga simbólica y su función normativa en el discurso. | Identificación de núcleos discursivos sobre el espacio. |
| Imágenes y gráficos | Presencia y proporción de ilustraciones o mapas. | Tipos de representaciones visuales del territorio escolar. | Evaluación semiótica de imágenes y su función formativa. |
Este diseño metodológico permitió recuperar las formas en que el periódico construyó una narrativa espacial funcional a un orden educativo y territorial deseado, jerarquizando regiones, modos de habitar la escuela y valores asignados al espacio. Las categorías complementarias como “identidad nacional” o “proyecto de nación” fueron utilizadas únicamente como contexto de apoyo, sin constituir núcleos de interpretación ni objetivo analítico del estudio. El foco interpretativo se mantuvo en cómo se produce, transmite y legitima una identidad espacial escolar desde la prensa educativa, como mediadora de la relación entre escuela, territorio y civilidad.
3. Resultados y discusión: el periódico como mediador en la construcción de una identidad espacial escolar
3.1 Representaciones espaciales y jerarquización territorial
El análisis de las 70 ediciones del periódico La Escuela Normal, publicadas entre 1871 y 1884, permitió identificar patrones discursivos, representacionales y normativos que consolidaron una particular identidad espacial escolar en el contexto de los Estados Unidos de Colombia. Más allá de su función informativa o formativa, el periódico operó como un dispositivo de mediación simbólica que jerarquizaba territorios, legitimaba prácticas escolares y territorializaba valores institucionales. La identidad espacial no solo se expresó en los contenidos explícitos sobre geografía o arquitectura escolar, sino también en las metáforas, imágenes, traducciones, selecciones temáticas y normativas que circularon en sus páginas.
Uno de los hallazgos más consistentes de esta investigación tiene que ver con la manera en que La Escuela Normal construyó una representación del espacio nacional escolarizado, recurriendo a múltiples estrategias discursivas que reflejan y, al mismo tiempo, producen una identidad espacial jerarquizada. El 84 % de los artículos que abordaban la temática geográfica fueron identificados como traducciones o adaptaciones de manuales escolares europeos, en su mayoría provenientes de autores franceses, ingleses o prusianos, traducidos por funcionarios vinculados a la Dirección General de Instrucción Pública. Estas traducciones se publicaban en formato seriado, y aunque inicialmente se presentaban como contenidos pedagógicos neutros, en realidad estaban profundamente marcadas por una matriz epistemológica eurocéntrica.
Los contenidos traducidos hacían énfasis en aspectos como la riqueza natural, las formas del relieve, las divisiones territoriales, los recursos explotables y la relación entre cultura y medio ambiente. Sin embargo, al ser contextualizados para el público lector colombiano —en su mayoría maestros en formación—, estas descripciones eran resignificadas mediante ejemplos locales, analogías con paisajes del país o comentarios editoriales que los insertaban en el proyecto civilizatorio liberal. De esta manera, la traducción no operaba únicamente como transposición lingüística, sino como un acto ideológico que adaptaba una visión del mundo externa al contexto nacional con fines normativos.
Desde una perspectiva crítica, se puede afirmar que la representación del territorio en el periódico no respondía a una intención de documentar la diversidad geográfica del país, sino de proyectar una espacialidad deseada: ordenada, productiva y legible desde el canon ilustrado europeo. Como lo sostiene Fontes (2017), las representaciones del espacio en los dispositivos pedagógicos no son neutras, sino que responden a relaciones de poder que territorializan imaginarios deseables. En este sentido, el periódico operó como una tecnología cultural que producía un mapa simbólico de la nación a través de la escuela, legitimando ciertas formas de habitar, nombrar y narrar el territorio.
Una evidencia empírica clara de este proceso está en los mapas reproducidos en el periódico y en las descripciones topográficas, las cuales mostraban una concentración informativa en las regiones andinas y caribeñas, tradicionalmente asociadas al poder político, económico y cultural. Zonas como la Amazonía, el Pacífico o los Llanos orientales eran escasamente referenciadas o incluso omitidas, y cuando se mencionaban, era para subrayar su condición de “frontera”, “región inhóspita” o “espacio por civilizar”. Este sesgo territorial evidenciado en el corpus documental analizado no solo reflejaba el conocimiento parcial del territorio colombiano a finales del siglo XIX, sino que contribuía a fijar una geografía escolar desigual que consolidaba un modelo centro-periferia, funcional al proyecto de centralización estatal.
El análisis de contenido y codificación temática aplicado a los textos mostró que conceptos como “progreso”, “civilización”, “orden” y “patria” estaban vinculados recurrentemente a zonas urbanas, mientras que el ámbito rural era asociado con expresiones como “atraso”, “ignorancia” o “costumbres primitivas”. Este patrón discursivo — recurrente en más del 60 % de los artículos codificados dentro de la categoría “representación espacial” — refuerza la tesis de que la identidad espacial promovida por el periódico se estructuraba en torno a una oposición binaria entre ciudad y campo, civilización y barbarie, saber ilustrado y práctica tradicional, que reproducía una geografía simbólica jerarquizante.
A nivel metodológico, estos hallazgos fueron posibles gracias al uso combinado de análisis de contenido cualitativo, codificación abierta y axial, y revisión semántica del lenguaje espacial utilizado en los artículos. Las recurrencias léxicas fueron complementadas por un análisis de los recursos visuales —mapas, grabados y esquemas escolares— que acompañaban los textos, lo cual permitió una triangulación entre lo textual y lo visual, reforzando la interpretación sobre los modos de espacialización promovidos.
En consecuencia, puede afirmarse que La Escuela Normal no solo difundió contenidos geográficos, sino que fue una plataforma de construcción simbólica del espacio nacional desde la escuela. Esta construcción estuvo mediada por un marco epistémico externo, apropiado de manera funcional por el Estado liberal, y proyectado como referente normativo para formar en los docentes una visión homogénea del territorio colombiano. La identidad espacial escolar, en este contexto, fue el resultado de un proceso discursivo de selección, jerarquización y normativización del espacio, en el cual la escuela se configuró como el centro operativo de la modernización territorial.
3.2 El espacio escolar como lugar simbólico y normativo
Uno de los aspectos más consistentes en los artículos analizados de La Escuela Normal fue la configuración de la escuela como un espacio profundamente normado, en el cual se articulaban discursos pedagógicos, códigos morales, formas de vigilancia y disposiciones espaciales funcionales al orden estatal. Lejos de concebirse como un lugar neutro para la transmisión del conocimiento, la escuela fue representada como una microestructura disciplinaria en la que el espacio era un elemento pedagógico en sí mismo. A través de descripciones sistemáticas del aula, la disposición del mobiliario, las actividades rutinarias y la relación jerárquica entre maestros y estudiantes, el periódico proponía una espacialidad educativa que debía ser replicada como modelo en todos los territorios del país.
Este proceso de prescripción espacial estuvo guiado por los ideales del liberalismo radical del siglo XIX, que veía en la escuela el dispositivo privilegiado para moralizar y modernizar a la población. En términos de Lefebvre ([1974] 2014), se trataba de una producción del espacio escolar orientada a materializar un proyecto social: formar cuerpos obedientes, racionales y útiles a través de la regulación simbólica y física del entorno educativo. Así, la identidad espacial escolar construida en La Escuela Normal no se limitaba a la arquitectura o a la geografía, sino que abarcaba también la conducta, el lenguaje corporal y la ritualización de lo cotidiano.
Las secciones del periódico dedicadas a “organización de las escuelas”, “formación del carácter” y “dirección de establecimientos” detallaban, por ejemplo, la ubicación que debían ocupar niños y niñas en el aula, el uso diferenciado de patios y mobiliario, y los comportamientos esperados según el género. Se fomentaba un uso del espacio en el que cada sujeto debía saber cuál era su lugar —literal y simbólicamente—, reforzando jerarquías pedagógicas, sociales y de género. Este orden espacial, transmitido como pauta oficial, contribuía a lo que Foucault ([1975] 1991) denomina la interiorización del control, donde el espacio actúa como técnica de normalización social.
A nivel discursivo, el periódico presentaba la espacialidad escolar como un dispositivo de civilidad. Expresiones como “mantener el orden del aula”, “formar el carácter moral”, “educar en la limpieza y el decoro” y “adiestrar en el respeto a la autoridad” aparecían con recurrencia en los artículos, conformando un léxico normativo que inscribía prácticas corporales y mentales en el espacio. Este tipo de lenguaje producía un modelo hegemónico de escolarización que reforzaba no solo el contenido del currículo, sino el modo en que debía ser experimentado físicamente.
El análisis semántico y discursivo de estas publicaciones evidenció que el uso del espacio no era inocente ni secundario, sino central en la producción de subjetividades escolares. Las normas espaciales establecidas —como filas organizadas, aulas cerradas, horarios rígidos y diferenciación de espacios para maestros y estudiantes— reflejaban una intención de homogeneizar los modos de comportamiento escolar en todo el país, a pesar de su diversidad regional.
Más aún, las metáforas espaciales utilizadas por el periódico reforzaban la idea de que la escuela debía ser “un faro”, “un baluarte” o “un santuario”, es decir, espacios separados del desorden social, cargados de simbolismo patriótico y disciplinario. Este tipo de lenguaje no solo le confería a la escuela un estatus elevado, sino que territorializaba una frontera entre el “afuera” (lo indisciplinado, lo rural, lo popular) y el “adentro” (lo civilizado, lo moderno, lo educado).
Desde el enfoque metodológico empleado, estas conclusiones emergieron a través del análisis cualitativo interpretativo de las secciones editoriales, normativas y pedagógicas del periódico, codificadas bajo las categorías: “prescripciones espaciales”, “regulación corporal” y “discurso moralizador”. La triangulación entre texto, ilustraciones y contexto político-educativo permitió reconstruir un modelo de espacialidad escolar que funcionaba como dispositivo de subjetivación y control.
En suma, La Escuela Normal promovió una identidad espacial escolar asociada a una forma específica de ocupación y uso del espacio, en la que se naturalizaban jerarquías, se reproducían estereotipos de género, y se articulaban valores morales con orden físico. La escuela no era solo el lugar donde se aprendía, sino donde se aprendía a ocupar un lugar. Esta espacialización normativa constituyó un mecanismo clave en el intento de consolidar una red escolar homogénea desde el Estado liberal.
3.3 Lenguaje, imágenes y símbolos en la construcción espacial
Otro hallazgo relevante de esta investigación se refiere al papel del lenguaje, las metáforas y los recursos visuales empleados por el periódico La Escuela Normal en la producción simbólica de una identidad espacial escolar. A través de un análisis sistemático de títulos, encabezados, subtítulos, ilustraciones y ejemplos pedagógicos, se identificó una narrativa territorial estructurada sobre tres ejes discursivos: el uso de un lenguaje normativo, la visualización estratégica del territorio y la evocación emocional del espacio escolar como núcleo de transformación social.
En los artículos revisados, términos como patria, progreso, civilización, orden, lugar instruido o espacio moral aparecen de forma reiterada, no solo como parte del contenido pedagógico, sino como marcadores ideológicos que buscan resignificar el territorio desde la mirada de las elites ilustradas. Estas palabras —frecuentemente destacadas en los titulares o los textos introductorios— funcionaban como dispositivos semánticos para dotar al espacio escolar de atributos valorativos: cohesión, disciplina, racionalidad, patriotismo y modernidad.
Como lo ha planteado Cresswell (2021), los discursos sobre el lugar no solo describen el espacio, sino que lo producen simbólicamente mediante actos lingüísticos que delimitan su sentido, su función social y su pertenencia. En este caso, el espacio escolar era definido no tanto por sus dimensiones físicas, sino por los valores que el discurso le atribuía: era el lugar del deber, el espacio de la ciudadanía naciente, el territorio del saber disciplinado. Esta producción discursiva de la espacialidad se complementaba con imágenes que acompañaban las secciones del periódico: mapas escolares, planos arquitectónicos, escenas de aula, paisajes patrios y retratos de próceres. Estas ilustraciones actuaban como una cartografía moralizada del país y reforzaban visualmente la narrativa textual.
De particular interés metodológico fue la observación de que, aunque el concepto de “identidad” no era utilizado explícitamente en los textos analizados, su construcción estaba presente de forma transversal en los relatos, ejercicios y estructuras argumentativas. Por ejemplo, en las actividades pedagógicas incluidas en las secciones sobre geografía e historia, se solicitaba a los maestros y estudiantes identificar características locales del clima, describir su ciudad o valorar los símbolos patrios. Estas prácticas pedagógicas promovían una apropiación del entorno desde una perspectiva afectiva y normada, articulando lo local con un marco nacional hegemónico.
Esta estrategia discursiva permitía que la identidad espacial escolar emergiera como un proceso de anclaje simbólico: se instruía a los sujetos a habitar el territorio desde significados prescritos, promoviendo formas específicas de percepción, memoria y valoración del lugar. Como lo sostiene Lefebvre ([1974] 2014), el espacio social es resultado de una tríada entre lo percibido, lo concebido y lo vivido. En el caso del periódico, esta tríada se expresaba en los contenidos escritos (lo concebido), en las imágenes que acompañaban los textos (lo percibido), y en las prácticas pedagógicas sugeridas (lo vivido), conformando un régimen de verdad sobre el espacio escolar. Asimismo, se observaron procesos de adaptación del lenguaje ilustrado europeo al contexto colombiano. Aunque muchas de las fuentes eran traducciones de manuales franceses o ingleses, los ejemplos eran tropicalizados para remitir a realidades locales: paisajes de los Andes, fauna del río Magdalena, héroes patrios, celebraciones escolares. Sin embargo, esta adaptación no significaba una ruptura con el canon eurocéntrico, sino una domesticación del discurso para hacerlo operativo en la tarea de formar subjetividades ajustadas al modelo liberal.
En términos metodológicos, estas observaciones emergieron de una triangulación entre análisis semántico, análisis de imágenes y codificación de contenido. Las categorías emergentes —como “lenguaje normativo”, “referencia a paisaje nacional”, “símbolos visuales” y “valores asociados al espacio”— permitieron reconstruir un mapa de sentidos que organizaban la identidad espacial desde el discurso educativo.
En síntesis, el periódico no solo informaba sobre la geografía, sino que enseñaba cómo sentir, pensar y habitar el espacio escolar y nacional. Mediante palabras y símbolos, legitimaba una forma de estar en el mundo desde la escuela, en la que el sujeto debía reconocerse como parte de un territorio ordenado, vigilado, civilizado y moralizado. Esta construcción discursiva contribuyó a sedimentar una identidad espacial escolar funcional al proyecto liberal del siglo XIX colombiano.
3.4 El periódico como mediador ideológico de la espacialidad escolar
El análisis integral del corpus documental de La Escuela Normal permite afirmar que el periódico operó como un dispositivo ideológico que proyectaba sobre el espacio escolar los valores centrales del liberalismo radical decimonónico. A través de su propuesta discursiva, se promovía no solo un ideal educativo, sino una forma específica de organizar el territorio, de habitar la escuela y de producir subjetividades ajustadas a un modelo normativo de ciudadanía ilustrada.
Este proceso de territorialización simbólica se sostuvo en una serie de prácticas discursivas que incluían: la exaltación de figuras heroicas nacionales y extranjeras, la traducción selectiva de autores ilustrados europeos, la reproducción de ejemplos de civilización moderna —como escuelas modelo en Francia, Inglaterra o Prusia— y la asociación constante entre escolarización, higiene, disciplina, urbanidad y patriotismo. Estas referencias no eran neutras ni decorativas; constituían marcos de legitimación cultural que consolidaban una identidad espacial escolar centrada en la obediencia, el progreso y la racionalidad ilustrada.
Como lo ha propuesto Foucault ([1975] 1991), los dispositivos discursivos no solo enuncian saberes, sino que organizan prácticas, prescriben posiciones y delimitan lo pensable. En el caso del periódico, la escuela se configuraba como un espacio ordenado, urbano, masculino, higiénico y patriótico, que debía funcionar como microestructura del Estado y como unidad de producción de ciudadanía moderna. Esta espacialidad no era simplemente funcional, sino profundamente simbólica: la escuela debía encarnar los ideales del Estado y reflejarlos en su distribución física, sus contenidos, sus rituales y sus formas de relación.
En este marco, la identidad espacial escolar emergió como un constructo simbólico complejo, resultado de la intersección entre el discurso pedagógico, el control territorial y los imaginarios de progreso. Su carácter no era homogéneo ni plenamente coherente —como cabría esperar en un país con profunda diversidad geográfica, cultural y política—, pero sí tendía hacia una lógica de estandarización, que buscaba subsumir las diferencias regionales bajo un modelo nacionalizante de escuela y ciudadanía.
Los artículos del periódico revelaban cómo la diversidad territorial era traducida discursivamente en una cartografía funcional a los intereses del Estado central. Las zonas marginales eran mencionadas como espacios a conquistar mediante la educación; las escuelas rurales eran descritas como focos de intervención urgente; y las comunidades indígenas y afrodescendientes, cuando aparecían, eran vistas como sujetos a integrar mediante la “civilización escolar”. Este discurso no solo reproducía jerarquías sociales, sino que espacializaba la exclusión y fijaba imaginarios sobre el lugar legítimo de cada grupo dentro del proyecto educativo nacional.
Metodológicamente, estos hallazgos se sostienen en la articulación de tres niveles analíticos: (1) el contenido explícito de los textos, donde se enunciaban normas, valores y prescripciones espaciales; (2) las imágenes y referencias visuales que consolidaban un imaginario geográfico institucionalizado; y (3) el análisis semiótico-discursivo de las metáforas y narrativas que territorializaban el ideal de escuela ilustrada. Esta triangulación permitió comprender que el periódico no solo funcionaba como un medio de difusión pedagógica, sino como una plataforma de producción de espacialidades simbólicas en clave de control y normalización.
En este sentido, La Escuela Normal puede ser comprendida como un operador ideológico que territorializó el proyecto moderno de educación, ajustándolo a un patrón discursivo eurocéntrico, centralista y moralizante. La identidad espacial escolar promovida no fue un reflejo de la diversidad nacional, sino una invención cartográfica y discursiva que buscaba instaurar un orden territorial desde la escuela, entendido como el primer espacio de domesticación, vigilancia y formación de subjetividades nacionales.
4. Discusión sobre la información obtenida
Esta investigación permitió establecer que el concepto de identidad espacial escolar constituye una categoría analítica potente, pertinente y esclarecedora para el estudio de los procesos históricos de configuración del sistema educativo colombiano. Su utilización permitió desplazar el análisis más allá de los enfoques tradicionales centrados en contenidos curriculares, actores institucionales o reformas normativas, para enfocarse en las formas simbólicas y discursivas a través de las cuales se produjo una geografía escolar ideológicamente cargada.
A partir del análisis documental del periódico La Escuela Normal (1871–1884), fue posible evidenciar que el espacio escolar no puede ser comprendido únicamente como un lugar físico donde ocurre la enseñanza, sino como un constructo simbólico y político, históricamente producido, en el que confluyen representaciones culturales, proyectos de nación, tecnologías de control y modelos pedagógicos. En efecto, el espacio escolar aparece como una superficie de inscripción del poder, donde se norman comportamientos, se jerarquizan cuerpos, se distribuyen saberes y se proyectan ideales sociales.
El periódico, como dispositivo discursivo, no solo informaba o difundía contenidos técnicos, sino que territorializaba un modelo particular de escuela funcional al proyecto liberal de modernización del siglo XIX. Esta territorialización se daba a través de múltiples mecanismos: selección temática, traducciones estratégicas, ilustraciones escolares, metáforas del orden y descripciones detalladas de la arquitectura escolar. Todo ello configuraba una espacialidad deseada: una escuela urbana, higiénica, masculina, patriótica y disciplinada, que debía reproducirse a lo largo y ancho del país, independientemente de la diversidad territorial, étnica y cultural existente.
En este marco, la categoría de identidad espacial escolar permitió articular tres dimensiones clave:
La discursiva, en la medida en que el lenguaje escolar producía imaginarios sobre el territorio, la escuela y el sujeto educable.
La material, en tanto se prescribían formas específicas de disposición física del aula, el mobiliario y la arquitectura institucional.
La simbólica, al integrar valores morales, cívicos y nacionalistas en la concepción del espacio educativo como microcosmos del orden social.
Esta categoría también sirvió para visibilizar tensiones internas en el proyecto educativo de la época, entre el ideal de homogeneización territorial y la persistencia de desigualdades regionales y culturales. En este sentido, el uso crítico de “identidad espacial escolar” permitió no solo analizar cómo se construyó un modelo escolar hegemónico, sino también cómo se invisibilizaron otras formas de habitar y significar la escuela desde los márgenes.
Metodológicamente, esta categoría orientó el diseño de las estrategias de análisis: permitió codificar no solo los contenidos explícitos del periódico, sino también sus silencios, sus énfasis recurrentes, sus ilustraciones y sus referencias normativas. A través de su operacionalización, se logró reconstruir un mapa simbólico de la escolarización colombiana decimonónica, marcado por el afán de orden, centralización y disciplina que caracterizó al liberalismo radical.
En síntesis, este estudio demuestra que la escuela, tal como fue pensada y difundida en La Escuela Normal, fue un espacio discursivamente producido desde el Estado como estrategia de control territorial, formación ciudadana y legitimación del poder ilustrado. La identidad espacial escolar, en consecuencia, no solo describe un tipo de institución, sino que permite comprender cómo se configuró un modelo normativo de habitar el país desde la escuela, como espacio formador de sujetos y productor de territorios imaginados.
Por su parte, el análisis del contenido geográfico y territorial presente en La Escuela Normal permitió concluir que el periódico contribuyó activamente a la producción de una geografía escolar jerarquizada, que operaba simbólicamente como un mapa del poder. La representación del territorio nacional no obedecía a criterios de exhaustividad ni de reconocimiento equitativo de la diversidad regional, sino que respondía a una lógica discursiva que priorizaba ciertas zonas del país —particularmente la región andina y la costa Caribe— como centros de progreso, civilidad y modernidad.
En contraste, otras regiones como el Pacífico, los Llanos orientales, la Amazonía o sectores rurales del interior fueron escasamente mencionados, cuando no directamente omitidos, o presentados como zonas “por civilizar”, “vacías” o “marginales”. Esta asimetría discursiva refuerza lo que autores como Soja (2019) y Cresswell (2021) han planteado sobre la dimensión política de la producción del espacio: no se trata solo de lo que se dice, sino también de lo que se invisibiliza.
La cartografía escolar y los relatos espaciales que circularon en el periódico estuvieron profundamente influidos por traducciones adaptadas de manuales escolares europeos, especialmente franceses, ingleses y prusianos. Estos textos fueron seleccionados, fragmentados y recontextualizados por funcionarios de la Dirección General de Instrucción Pública, quienes buscaban alinear los contenidos con el proyecto educativo liberal colombiano. Sin embargo, esta mediación no eliminó los sesgos eurocéntricos de origen; por el contrario, los reforzó, naturalizando la idea de que el modelo civilizatorio europeo era universalmente válido y debía ser replicado en el contexto colombiano.
Como resultado, se consolidó en el discurso escolar una visión estandarizada del saber geográfico, en la que el territorio colombiano era percibido como espacio a ser racionalizado, domesticado y sometido al orden moderno. En este esquema, lo urbano era descrito como sinónimo de desarrollo y educación, mientras que lo rural quedaba asociado al atraso, la ignorancia o la barbarie. Así, el periódico no solo describía el territorio: lo ordenaba simbólicamente, clasificando regiones, jerarquizando poblaciones y delimitando zonas de intervención pedagógica.
Esta operación discursiva tuvo efectos importantes sobre la configuración de la identidad espacial escolar. Al establecer qué territorios merecían ser enseñados, mostrados y habitados simbólicamente por los lectores —principalmente maestros en formación—, La Escuela Normal contribuyó a construir un imaginario geográfico funcional al Estado liberal: un país dividido entre centros civilizados y periferias subordinadas, cuya escolarización debía seguir el modelo prescrito desde el poder central.
Desde una perspectiva metodológica, este hallazgo se sustentó en el análisis de la distribución temática de los artículos, el estudio crítico de las metáforas espaciales, y la evaluación de la frecuencia de mención y representación de regiones en mapas, imágenes y ejemplos. El resultado es una cartografía simbólica no declarada, pero efectiva, que refuerza la función territorializadora del discurso escolar.
Conclusiones
El periódico operó como un agente discursivo de la centralización territorial, alineado con la lógica del Estado-nación moderno, que subordinó la pluralidad geográfica del país a un ideal de orden espacial unitario. Esta configuración jerarquizada del territorio fue esencial para la consolidación de una identidad espacial escolar que naturalizaba la desigualdad y prescribía una forma hegemónica de habitar el país desde la escuela.
Los hallazgos del análisis documental revelan que La Escuela Normal proyectó una imagen de la escuela como espacio normativo, en el cual se articulaban funciones pedagógicas, políticas y morales al servicio del orden estatal. La representación de la institución educativa que emerge del periódico no es la de un espacio neutro o simplemente instructivo, sino la de un entorno altamente estructurado, disciplinado y cargado de valores cívicos, morales y patriarcales, en sintonía con el proyecto modernizador del Estado liberal radical.
Las disposiciones físicas del aula —como la orientación de los pupitres, la ubicación jerárquica del maestro, la separación por género y la organización de los patios escolares— eran presentadas como formas deseables y necesarias de habitar el espacio educativo. Esta distribución espacial prescribía lugares y funciones para cada actor escolar, operando como tecnología de control que modelaba comportamientos, organizaba cuerpos y legitimaba jerarquías. Como lo plantea Lefebvre ([1974] 2014), el espacio social es siempre producido y reproductor de relaciones de poder: no solo se habita, sino que se aprende a habitar bajo ciertas condiciones simbólicas e ideológicas. Asimismo, las normas de comportamiento difundidas en los artículos —referidas a la limpieza, el silencio, la postura, el saludo, el trato entre estudiantes y docentes, y la participación en actos cívicos— revelaban una dimensión performativa de la escolarización: se trataba de formar sujetos obedientes, racionales, disciplinados y patriotas, capaces de internalizar una lógica de orden que debía replicarse más allá de la escuela, en la vida pública y privada.
El periódico no solo describía estas prácticas, sino que las prescribía como parte integral del proyecto educativo. Al hacerlo, convertía al espacio escolar en un microcosmos del Estado: un territorio donde se ensayaban, reproducían y legitimaban los valores del poder central. Esta espacialización de la moral y la disciplina construyó una identidad espacial escolar profundamente normativa, que no solo organizaba la experiencia educativa, sino también producía subjetividades territoriales funcionales a la ideología liberal de la época. Además, esta normatividad espacial estaba atravesada por una clara dimensión patriarcal, en la que los roles de género eran naturalizados a través del uso diferenciado del espacio. Se asignaban a los varones lugares de liderazgo, racionalidad y representación pública, mientras que las mujeres eran vinculadas a lo doméstico, la obediencia y la formación moral. Esta división espacial reforzaba una cartografía simbólica del poder que legitimaba desigualdades sociales bajo el discurso de la civilización y el progreso.
Desde una perspectiva metodológica, este hallazgo se sustentó en el análisis cualitativo de textos prescriptivos, secciones normativas, ejercicios escolares y recursos visuales incluidos en el periódico. Las categorías “espacialización de la disciplina”, “normas de comportamiento” y “prescripción del cuerpo escolar” permitieron reconstruir un modelo de escolarización territorializado en clave de control social. En síntesis, La Escuela Normal consolidó una representación de la escuela como espacio simbólico del poder, cuya identidad espacial no solo organizaba físicamente el acto educativo, sino que configuraba modos legítimos de ser, estar y comportarse. Esta espacialidad normativa fue central para la construcción de subjetividades que respondieran al ideal de ciudadanía moderna, ilustrada, masculina y obediente promovido por el liberalismo radical.
Los resultados de esta investigación muestran que La Escuela Normal desempeñó un papel clave en la producción de una identidad espacial escolar orientada por una lógica de estandarización nacional. A través de sus textos normativos, artículos pedagógicos, ilustraciones y traducciones, el periódico impulsó una visión homogénea de lo que debía ser la escuela, tanto en su disposición física como en su dimensión simbólica. Esta visión estandarizada respondía a los intereses del Estado liberal de la época, que aspiraba a consolidar un orden territorial unificado mediante la formación de una ciudadanía racional, patriótica y disciplinada.
La escuela fue concebida, desde las páginas del periódico, como una unidad replicable en cualquier parte del país, con estructuras, rutinas, valores y modelos de comportamiento previamente definidos. En este sentido, la identidad espacial escolar funcionaba como un ideal regulativo: no describía necesariamente la realidad de las escuelas en regiones diversas, sino que operaba como un horizonte normativo que orientaba cómo debían organizarse, cómo debía comportarse el estudiantado, y qué valores debían enraizarse en el uso y la apropiación del espacio.
Esta operación discursiva tuvo como consecuencia la subsumisión de la pluralidad geográfica y cultural del país. Las diferencias locales —en términos de lengua, paisaje, formas de organización escolar o prácticas pedagógicas comunitarias— eran desdibujadas o ignoradas en favor de una espacialidad uniforme, anclada en valores urbanos, eurocentrados y patriarcales. El territorio nacional fue leído desde una racionalidad instrumental, en la que la escuela debía actuar como mecanismo de nivelación, estandarización y domesticación del espacio y sus habitantes.
Aunque el ideal de homogeneización nunca fue plenamente alcanzado —como lo evidencian tensiones internas, resistencias regionales o las propias limitaciones del aparato estatal—, el discurso de La Escuela Normal sí logró instalar una matriz simbólica de la escolaridad nacional. Esta matriz asignaba lugares específicos dentro del sistema escolar: tanto en sentido literal (la disposición del aula, el cuerpo del alumno, la geografía que se enseñaba), como en sentido metafórico (el lugar del maestro como agente civilizador, de la mujer como formadora moral, o del estudiante como futuro ciudadano).
Desde una perspectiva foucaultiana, este modelo puede entenderse como un dispositivo de biopoder que territorializaba el cuerpo, la conducta y el saber, en función de una norma espacializada. La escuela no solo debía enseñar contenidos, sino producir sujetos que encarnaran el orden deseado por el Estado.
A nivel metodológico, esta conclusión se sustenta en la lectura comparada de las secciones del periódico orientadas a la gestión escolar, los manuales traducidos, los ejercicios pedagógicos y los materiales visuales. La recurrencia de patrones discursivos, la repetición de instrucciones formales y la reproducción de imágenes estandarizadas confirman la intención editorial de construir una escuela-molde, útil para sostener la arquitectura simbólica de la nación moderna. En conclusión, la identidad espacial escolar que promovió La Escuela Normal no reflejaba la complejidad del país, sino que proponía un modelo funcional al proyecto de consolidación estatal. Esta identidad actuó como un filtro que organizaba las formas legítimas de ser escuela, de habitar el aula y de educar en el territorio, contribuyendo así a la creación de un imaginario de unidad basado en la exclusión de la diferencia.
Finalmente, esta investigación confirma que la prensa pedagógica del siglo XIX, y en particular el periódico La Escuela Normal, constituye una fuente historiográfica clave para comprender los procesos de configuración simbólica del espacio educativo en contextos de construcción estatal. Su valor no radica únicamente en el registro de acontecimientos o en la difusión de contenidos escolares, sino en su capacidad para actuar como un archivo discursivo, desde el cual se produjo, legitimó y normalizó una geografía escolar funcional al ideario político del liberalismo radical colombiano.
A través del estudio sistemático de su materialidad textual —artículos, editoriales, traducciones, ejercicios escolares— y visual —mapas, ilustraciones, croquis arquitectónicos—, se evidenció que La Escuela Normal operó como una tecnología cultural del Estado, encargada de territorializar un modelo de escuela y de ciudadanía ajustado a los principios de orden, moral, civilidad y progreso. En sus páginas se construyó un tipo de espacialidad escolar donde los sujetos debían ser formateados, los territorios jerarquizados y las diferencias homogenizadas.
Como archivo, el periódico permite reconstruir la arquitectura simbólica del proyecto educativo nacional: una escuela disciplinada, urbana, masculina, productiva y homogénea, pensada como el dispositivo privilegiado para formar al ciudadano moderno. Como fuente discursiva, ofrece claves interpretativas para comprender cómo se inscribieron en el espacio escolar las relaciones de poder, los imaginarios territoriales y los valores del Estado-nación en formación.
Este hallazgo tiene implicaciones teórico-metodológicas relevantes. Por un lado, reafirma la necesidad de considerar los medios impresos como productores de espacio social, no solo como transmisores de conocimiento. Por otro, invita a ampliar el análisis de la educación más allá de las políticas formales y los actores institucionales, para atender a las materialidades simbólicas desde donde se configuraron subjetividades, prácticas escolares y concepciones del territorio.
En este sentido, el estudio de La Escuela Normal no solo aporta a la historiografía educativa colombiana, sino que ofrece una herramienta analítica más amplia para pensar cómo se construyeron los espacios escolares —y los cuerpos que los habitan— en articulación con matrices culturales de poder. La prensa pedagógica se presenta así como una puerta de entrada privilegiada para comprender los procesos de territorialización simbólica del Estado desde abajo, en el plano cotidiano de la escuela, la palabra y la imagen.
Roles de colaboración
Dayro León Quintero López: Conceptualización, escritura – revisión y edición, investigación, metodología.
Natalia Duque-Cardona: Conceptualización, escritura – revisión y edición, investigación, metodología.
Referencias
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Notas
Recepción: 30 Abril 2025
Aprobación: 18 Agosto 2025
Publicación: 01 Octubre 2025