Dosier
Introducción al dosier. El papel de la cultura escrita e impresa en la construcción de los Estados nacionales latinoamericanos
Los momentos de crisis siempre obligan a las sociedades a construir nuevos significados y otras realidades a partir de narrativas e imaginarios. Desde la Modernidad, en este tipo de procesos, han tenido una importancia vital artefactos culturales como la cultura tipográfica generada por la imprenta, ya que en esta ha quedado registro de cómo la población pensó las nuevas configuraciones. La América Latina decimonónica experimentó la emancipación de las coronas portuguesa y española, lo cual dio como resultado la formación de distintos Estados nacionales. Esto, por supuesto, provocó que se generaran cambios profundos en la política, la economía, la sociedad, la religión y la ciencia. Y es que, tras independizarse, dichos Estados buscaron legitimar su existencia. La producción y circulación de textos políticos, constituciones y gacetas oficiales permitió difundir los principios de soberanía, ciudadanía y república, así como construir una narrativa heroica de la independencia, que homogeneizó el pasado y promovió tanto símbolos como héroes compartidos. Al mismo tiempo, los periódicos y las revistas propiciaron el debate, de modo que comenzó a constituirse una esfera pública.
A partir de esta realidad, reunimos en este dosier un conjunto de estudios sobre la cultura escrita e impresa del siglo XIX en América Latina. La misma evidencia cómo la libertad de imprenta recién conquistada influyó en la conformación de los Estados nacionales, gracias a la derogación de instituciones como el Santo Oficio (que censuraba ciertas publicaciones)., propiciando con ello la apertura de espacios educativos, intercambios letrados, nuevas creaciones culturales, redes internacionales de intercambio, así como la construcción y la circulación de imaginarios religiosos diferentes a los establecidos por el catolicismo en cerca de tres siglos de dominación material y espiritual. En este sentido, no puede entenderse la modernización de América Latina sin reparar en la producción impresa, toda vez que las publicaciones periódicas, los catecismos laicos o religiosos y los libros fueron herramientas para la educación, mediante las cuales se alfabetizó y promovió ideales de progreso y civilización. En el plano económico, los catálogos y la publicidad dieron a conocer las innovaciones en el mercado a los pequeños, medianos y grandes empresarios, quienes evaluaron la información en circulación para tomar sus decisiones comerciales.
Dentro de este contexto es importante reconocer el papel que tuvieron los nuevos impresores-editores en transición entre el Antiguo Régimen Tipográfico y la modernidad letrada decimonónica como agentes culturales y actores políticos. Su papel, más allá de ser impresores que formaban las líneas en la caja tipográfica e imprimían periódicos o libros, fue como actores decisivos en las formas de lo impreso para diferentes lectores. De esta forma contribuyeron en la formación de una nueva opinión pública gracias a la oferta de una amplia diversidad de productos impresos que se adecuaron a las necesidades de las nuevas sociedades latinoamericanas.
Estos actores políticos y agentes culturales aportaron, además, en la formación de los nuevos lectores y lectoras, y también, en la legitimación de los nuevos Estados Nacionales que requerían de la letra impresa. La formación de ciudadanos a través de la lectura y la enseñanza para niños y artesanos, sumó a las mujeres como formadoras de las generaciones de los futuros nuevos ciudadanos de las repúblicas. Parte de las ofertas de impresos y su diversidad temática y de formato, pretendía sumar simbólicamente a la construcción de nuevas sociedades letradas de las naciones latinoamericanas. Desde esta perspectiva, no se puede dejar de lado que el nacionalismo, pero particularmente el republicanismo, fueron promovidos desde las distintas propuestas políticas liberales, pero también, y con sus propios medios, el conservadurismo disputó la opinión pública ofertando sus propios productos impresos desde sus programas de impresión y edición.
El impresor-editor del siglo XIX fue una especie de experto artesano conocedor de las técnicas necesarias para el trabajo de imprenta, a la vez que fue un personaje letrado, muchas veces autor, que perfiló programas editoriales en función de su clientela, sea la iglesia, el Estado, las asociaciones cívicas y las nacientes empresas, tomando decisiones de composición y uso de la imagen en función de la necesidad del cliente. Sus determinaciones y planes de impresión, configuraron a la par de sus clientes, el imaginario letrado y comunicativo de la América Latina del siglo XIX. Sin embargo, esta generalidad es un acercamiento a una realidad mucho más compleja que puede ser comprendida en su singularidad regional, considerando contextos políticos, económicos, sociales y culturales específicos. En esta línea, el papel de la cultura impresa en la formación de los Estados nacionales latinoamericanos debe ser comprendida desde su especificidad, sin perder de vista su relación con otros países, y reconociendo las relaciones hacia el interior de su territorio. De esta manera, se puede pensar en las tensiones, los vínculos, las redes y los intercambios entre la centralidad de las capitales y las regiones internas de los territorios nacionales, descifrando algunos fenómenos de lo impreso, su circulación y lectura a través de los distintos agentes que participaron en una primigenia cadena del libro latinoamericano.
Desde luego que, dada su importancia, la imprenta fue un espacio de conflicto. A lo largo del siglo XIX, los distintos gobiernos de la región censuraron publicaciones contrarias al dogma oficial y su ideología (ya sea republicana-federalista, republicana-centralista o monarquista). Por un lado, el poder civil incautó libros, destruyó imprentas e inspeccionó librerías; y, por el otro, la Iglesia católica coadyuvó tanto en el ejercicio de la censura como en la elaboración de contenidos educativos.
Dos cuestiones esenciales dan origen a este dosier, tanto la necesidad de exponer las diferentes experiencias históricas que se generaron en distintas regiones, como el intento por divulgar los proyectos de rescate y gestión de la hemerografía y la bibliografía resguardadas en repositorios latinoamericanos, que se enfrentan a problemáticas diversas, como la búsqueda de estrategias para la conservación y la difusión del material custodiado. De este modo, se centra en enfoques que muestran la conformación de diversas identidades (religiosas, políticas, nacionales, culturales), así como en la manera en que la cultura escrita e impresa fue parte de este proceso, ya sea expandiendo, cuestionando o perpetuando, en la opinión pública, estas ideas que en su momento conformaron un nuevo paradigma en la vida privada y comunal de distintas regiones de América Latina.
El dosier se compone de seis artículos. En primer lugar, Felipe Bárcenas García presenta “Entre el coleccionismo y la herejía. Los libros prohibidos del padre Benavides (1801-1881) resguardados en Universidad Autónoma de Nuevo León”, México, en donde explica qué libros prohibidos en México durante 1821-1855 poseyó un sacerdote de Monterrey, una ciudad de la periferia norte, alejada del centro político y cultural del país. Se argumenta que el coleccionismo de los eclesiásticos decimonónicos fomentó la circulación ilegal trasatlántica de impresos, de modo que el estudio de textos vetados resulta fundamental para entender ampliamente la incidencia de los circuitos internacionales del libro en la conformación de las culturas políticas regionales.
En el segundo artículo titulado “De ‘ignorantes que se hacen los entendidos’ y chinas que “agarran” periódicos. Imaginarios de la prensa de la provincia de San Juan, Argentina (1825-1839)”, María Inés Rueda Barboza y Fabiana Alicia Puebla estudian la prensa sanjuanina de las décadas de 1820 y 1830, en un contexto de inestabilidad política y alto analfabetismo. Los periódicos, dirigidos por sectores letrados, actuaron como medios de instrucción informal y promovieron la educación como vía para el progreso provincial. El análisis se centra en dos representaciones: la categoría de “ignorantes”, aplicada tanto a iletrados como a opositores políticos alfabetizados, y la caricatura de una “china lectora” publicada en El Zonda (1839). Estas imágenes muestran cómo la prensa construyó imaginarios sobre la ignorancia y el aprendizaje. En conjunto, evidencian la idea de la educación como base del desarrollo de la provincia argentina de San Juan.
El tercer trabajo es el titulado “Imaginar un paraíso en ultramar: imágenes de la Nueva Granada en Utazás Kalifornia Deli Reszeiben (1860)” de Carlos Felipe Suárez Sánchez. En él se explora el poder de las nuevas tecnologías de impresión de imágenes para generar nuevos imaginarios en torno al territorio americano, creando así otras interpretaciones de este espacio geográfico que iban a medio caballo entre la realidad y la fantasía inspirada en la literatura de viajeros de la época. En este caso se examina la obra del húngaro János Xántus titulada Utazás Kalifornia Deli Reszeiben, en la que describe su viaje al sur de California.
El cuarto artículo, “La Ley de imprenta durante el Segundo Imperio Mexicano (1864-1867)”, de Gerardo Zavala Sánchez, examina el impacto sociocultural de la mencionada legislación publicada durante el Segundo Imperio Mexicano. Asimismo, reproduce dicha disposición, la cual puede resultar útil para contrastarla con otras leyes latinoamericanas de la época en materia de imprenta. Zavala Sánchez enfatiza la manera en que la Ley de imprenta repercutió en la producción de periódicos y las prácticas editoriales.
El quinto trabajo de Dayro León Quintero López y Natalia Duque-Cardona titulado “Paisajes y tinta: la prensa escolar como mediadora de identidad espacial en Colombia (1870–1884)” analiza cómo el periódico La Escuela Normal actuó como mediador discursivo en la construcción de una identidad espacial escolar en la Colombia del siglo XIX. Mediante el análisis de 70 ediciones, muestra que, más allá de difundir contenidos pedagógicos, el medio generó representaciones del territorio, jerarquizó regiones y promovió un modelo escolar y ciudadano estandarizado. A través de traducciones, metáforas geográficas, ilustraciones y normas de conducta, construyó un imaginario funcional a la centralización estatal. La escuela se presentó como espacio moralizante y patriótico, invisibilizando la diversidad cultural y geográfica. El estudio revela cómo la prensa pedagógica territorializó el proyecto liberal y legitimó relaciones de poder mediante lenguaje e imágenes.
Cierra este dosier la contribución “Nuevos imaginarios religiosos en el México porfiriano. El papel de la prensa protestante mexicana al final del siglo XIX”, de Víctor Manuel Bañuelos Aquino. Aquí el autor se centra en los imaginarios religiosos utilizados en las luchas entre los credos protestante y católico en el México del entrecruce de los siglos XIX y XX, mismos que quedaron registrados en la prensa llevada a cabo por editores e impresores de ambas confesiones. En este ensayo se observa la actualización de distintas figuras del imaginario cristiano, como la de Satanás, en el discurso de unos y otros con la finalidad de desprestigiar a sus adversarios.
Los lectores y las lectoras podrán adentrarse en investigaciones y análisis que brindan elementos sólidos para comprender de qué manera la cultura escrita e impresa decimonónica contribuyó a la conformación de los Estados nacionales en nuestra región. Precisamente, nuestro aporte busca consolidar la historia en este sentido, esperamos que resulte de interés para que otras personas continúen sumando sus aportes desde sus propios estudios e investigaciones, reflexionen sobre este pasado fundacional, y abran sus miradas a distintos puntos de vista provenientes de los países que confluyen en los artículos del dosier aquí reunido. ¡Buena lectura!
Recepción: 20 Julio 2025
Aprobación: 25 Agosto 2025
Publicación: 01 Octubre 2025