Sobre la Biblioteca Nacional

2016-03-23

 

Hace algunos años una nutrida polémica puso a la Biblioteca Nacional en la agenda pública. En ese entonces, las diferencias entre Horacio González (Director) y Horacio Tarcus (Subdirector) por el modelo institucional a seguir motivaron diversas intervenciones. En lo fundamental, se trataba de dirimir las prioridades presupuestarias, entre la modernización bibliotecaria y la constitución de una agencia de difusión cultural. El debate era, en rigor, de larga data.

Hoy la Biblioteca Nacional vuelve a estar en boca de todos. Los motivos son bien distintos: los 240 telegramas recibidos por los trabajadores de la institución en los últimos días constituyen un testimonio tangible de un modelo que escamotea la inversión cultural.

Desde Palabra Clave expresamos nuestra preocupación, al tiempo que compartimos una crónica elaborada por un colectivo de trabajadores de la Biblioteca.


40 años y más golpes…

Tras cuatro meses de angustia luego del anuncio de inminentes despidos, 240 trabajadores y trabajadoras de la Biblioteca Nacional finalmente recibieron un telegrama en el que se les notificó que las autoridades del gobierno macrista “prescinden de sus servicios a partir del 21 de abril“. Los servicios que prestaban estos trabajadores incluyen tareas de preservación, digitalización y difusión del patrimonio cultural de un pueblo.

Los 240 empleados despedidos se suman al plan de recorte a la cultura iniciado por Pablo Avelluto desde que entrara en funciones como ministro de Cultura, un plan que solo responde a la lógica que utiliza a los trabajadores como variable de ajuste. Fueron desmanteladas las áreas de microfilmación, procesos técnicos, adquisiciones, de talleres de extensión, de informática, diseño, prensa, áreas administrativas, personal de las salas de archivos y responsables de colecciones especiales. En áreas como adquisiciones bibliográficas por ejemplo, de 10 trabajadores quedaron solo 2. En archivos, de 19 trabajadores echaron 7.

Esta reducción de personal conlleva inevitablemente el quiebre de la continuidad de los servicios que brinda la biblioteca. Una amenaza real de nuestra memoria. La actual directora interina, Elsa Barber (Alberto Mangel, designado director, se encuentra aún en EEUU), no tuvo ninguna comunicación con los trabajadores, manteniéndose encerrada desde temprano en el tercer piso con Marcos Padilla, un histórico funcionario macrista que hizo este mismo trabajo en el Teatro Colón.

Así, ambos se mantuvieron indiferentes a las horas de angustia que vivieron los trabajadores, quienes intentaban movilizar mientras resistían el discurso de quietud propiciado por los gremios. UPCN, ATE y SOEME instaron a los trabajadores a no movilizar, a “esperar” la convocatoria para negociar la reincorporación de un número incierto de compañeros. Denunciamos que, con estos despidos, no sólo se vulneran los derechos de los trabajadores, sino que la comunidad toda ve vulnerados sus derechos de acceso a la cultura y a la información. En vísperas a otro aniversario del golpe de estado genocida, lamentamos los trabajadores de la Biblioteca Nacional encontrar nuestros nombres en listas negras, ser llamados al silencio y la desmovilización y con el miedo de “desaparecer” bajo el brazo racional en nombre del orden. Basta de negociar los puestos de trabajo a nuestras espaldas. La cultura no es un gasto

#NI UNO AFUERA